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Explicaciones Happy-Happy Joy-Joy Marranadas

A carbón tapado

Casi termina enero, un enero más de esta larga pandemia. Otras cosas no terminan… como la necesidad de volver, invocando a los pilares de este descuidado, aunque no olvidado, chiquero: la música y la lectura en boca de personajes siempre queridos y consentidos de la pocilga, que resuenan poniéndonos el ejemplo y encendiendo el ánimo, los motores y las letras. Como dicen los antiguos: el que nace para tamal (pibil), siempre encontrará el achiote. O algo así.

Que sea un buen augurio para este 2022, con nuevas lecturas en la lista, nueva escritura, reseñas y descubrimientos gozosos, extraños o ridículos para compartir. Dirán que ya no nos cocemos al primer hervor, pero es que a fuego lento se hace la mejor cochinita.

Parafraseando a Schwarzenegger (mejor que a Nicholson), estamos de vuelta. Sigamos adelante.

Sesame Street – Rock ‘n’ Roll Readers (1988-89).

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Chispazos Explicaciones

Aquí nomás traslomita

Dicen que encontrar lugares novedosos es uno de los goces de viajar… o privilegio de los desorientados, como cierto personaje de este chiquero que cuenta la historia de un pingüino en Palestina.

Por eso tengo un amigo imaginario, Servando, que me escolta cada vez que salgo a la calle (cuando salía, es decir, antes de la cuarentena), armado con optimismo y nulo sentido de orientación espacial.

Gracias a él (a Servando), no necesito levantar los ojos al cielo (al fin que el smog oculta las estrellas) ni esforzarme para leer desde lejos letreros que sólo confirman mi ignorancia. ¿A quién, pregunto, le sirve saber que una misma calle puede tener tres, cuatro o más nombres (y uno, o dos, o ningún sentido) según se avanza? A mí, no.

Así de personalísimas son las opiniones de algunos repartidores—perdón, operadores expertos de entregas a domicilio, que a lo largo de los años se han empeñado en que el número de la casa donde vivo no existe ni en mi cuadra ni en otras dos a la redonda, que es inútil que yo insista en que los números pares están en un solo lado de la calle, y que es absurdo explicarles que junto a un número par no puede haber más que otro número par, y lo mismo con los nones.

También recuerdo cuando las orientaciones para el camino se enviaban y recibían a través de “Banda Civil”, aunque a mis más jóvenes contertulios y a varios contemporáneos (de ellos y míos) les parezca algo tan indescifrable como el sistema de coordenadas, los cuadrantes en un mapa (de papel, obvio) o el código Morse, que no se parece ni tantito al código DaVinci.

Ah, pero por supuesto, si el Waze tuviera sentido común y Google Maps admitiera anotaciones, le serían útiles hasta al buen Américo Vespucio. Perdonen la nostalgia.

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Disculpitas Explicaciones Happy-Happy Joy-Joy

Se me concedió volver

AVISO PARROQUIAL:

Hay mucho, mucho qué contar en el tintero. Aunque a veces parezca que no, en el lado técnico (por ejemplo) se pueden interponer, digamos, unas notas discordantes. Pero con un poco de buen humor, la ayuda de unos cuantos buenos amigos y una batuta es posible reacomodar las cosas para que el (des)concierto llegue hasta el aplauso.

Poco a poco, la orquesta encuentra su sitio. Tal vez, sólo tal vez, el director también lo logre.

Parafraseando lo dicho hace ya algunos ayeres: pásenle pues, que la pocilga está reabierta. Y to whom it may concern, ¡seguimos adelante!

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Corriente Explicaciones Happy-Happy

De preguntar a aventurar

Una de las curiosidades del barrio virtual es que el blogueo (mutante) se resiste a morir, probablemente porque es un monólogo más amplio o una conversación más pausada que los trinos o el caralibro, sus verdugos y competidores.

Por eso he dicho que el listado de la granja más parece osario (o lista de héroes y mártires) que blogroll.

Sin embargo no todo es luto, gracias a personalidades luminosas como la infatigable Pelusa, que además de su Diario nos ha traído proyectos inolvidables como Una Nota de Agradecimiento y, más recientemente, el amable chismógrafo 365 preguntas, de la mano de Loly y una activa comunidad comentante.

Pues he aquí que este “dúo dinámico” es el motor detrás de Una curiosa aventura, en donde los autores escriben anécdotas e imaginaciones alrededor de una idea semanal.

UCA1

Esta pocilga felicita a Loly y Pelusa por la iniciativa, así como a todo el grupo de entusiastas colaboradores… entre los cuales, quizá, verán aparecer una “manita de puerco” de vez en cuando. Estaremos pendientes.

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Chispazos Explicaciones Inspiración pura

Cero o no cero

Ni Shakespeare ni los mayas lo habrían inventado explicado mejor.

Con ustedes, el profesor Comegalletas.

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Chispazos Explicaciones Ocio movil

Una buena y una mala.

Se apareció el genio y me dijo: “Aquello que me habías pedido está listo, ya terminaron la obra del segundo piso del periférico”. Uf. Escuchar eso me hizo el hombre más feliz de la tierra, o al menos de Izcalli y sus alrededores.
Brinque, flipé, lloré y cuando me iba a arrancar con el eskimbombori, me dijo: “lo único malo, es que, como no me pediste que quitara el tráfico a la bajada, pues falto eso”.

Heme aquí en la fila para incorporarme. Gracias genio.

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Explicaciones Marranadas

Ni #SOPA, ni #PIPA, ni #LeyDoring, ni #AtoleConElDedo

Internet nos ha cambiado. No únicamente la manera de aprender, sino también nuestro modo de crear y compartir.

Por eso, la Red Global debe ser un espacio de libertad; no sujeto a los intereses, sino abierto a los méritos.

Las normas restrictivas como #SOPA y #PIPA en EUA, y en México #LeyDoring, así como la ley Sinde en España y la  Lleras en Colombia olvidan que, para ser eficaz, una ley debe surgir del diálogo, la participación y el análisis razonado de sus consecuencias, además de equilibrar el poder y el individuo, en vez de enfrentarlos.

Esta pocilga cree en la libertad de expresión y está en contra de la piratería. Busca el diálogo constructivo y la claridad en lugar de la violencia.
Se manifiesta en pro del sentido común, pero sobre todo, del sentido del humor.

En suma, a favor de la paz, especialmente porque –como dijimos desde el día uno– “vivir no ensucia, y si nos cae la mugre, agradecemos que sea nomás por fuera”.

Sobre todo, infórmense. Si quieren participar en la protesta global, asómense aquí. Más información en la casa de los trinos. No se asusten si aparece por ahí algún fantasma.

IgnoranceAndWant-JohnLeech_wikimediacommonsEn el reloj sonaron las once y tres cuartos.

–Perdona mi indiscreción –dijo Scrooge, mirando el manto del Espíritu– pero veo algo extraño, que no te pertenece, asomar bajo el faldón. ¿Es un pie o una garra?
–Podría ser una garra, a juzgar por la carne que la cubre –respondió con tristeza el espectro–. Mira.
Replegando la túnica hizo salir a dos criaturas escuálidas, encorvadas, temibles, espantosas, míseras, que se arrodillaron sosteniéndose de la vestidura.
–¡Mira, hombre! ¡Mira, mira aquí a tus pies!
Eran un niño y una niña. Amarillos, enjutos, harapientos, ceñudos y fieros, pero abatidos y humillados. Donde la tersura debía llenar sus jóvenes rostros con frescos tonos y matices, una mano agostada y seca, como la del tiempo, los había marchitado, desteñido y torcido. Donde debía haber ángeles se arrastraban demonios amenazadores. Ningún cambio, degradación o perversión de la humanidad, en cualquier grado o entre todos los misterios de la admirable creación, ha producido monstruos la mitad de horribles y espantosos.
Scrooge retrocedió, asustado. Por cortesía a quien se los mostraba, intentó alabarlos, pero las palabras se le atoraron en la garganta, negándose a participar en mentira tan grande.
–¡Espíritu! ¿Son hijos tuyos?– dijo apenas Scrooge.
–Son hijos de los hombres –respondió el fantasma, contemplándolos– y se refugian en mí para clamar contra sus padres. Este niño es la Ignorancia; esta niña, la Miseria. Cúidate de ambos y toda su descendencia, pero sobre todo del niño, en cuya frente está grabada la condenación, mientras no sea borrada. ¡Niégalo! –gritó el espectro, extendiendo la mano hacia la ciudad– ¡Calumnia a cuantos te lo adviertan! ¡Acéptalo sólo para tu provecho y hazlo peor! ¡Pero llegará el final!
–¿No existe alternativa? ¿Algún refugio o recurso? –gimió Scrooge–.
–¿Acaso no hay prisiones? –dijo el Espíritu, devolviéndole por última vez sus propias palabras– ¿No hay correccionales?

La campana dio las doce.”

Este texto (en traducción libre, por Ivanius) proviene del original en inglés de A Christmas Carol, o Canción de Navidad, por Charles Dickens, desde el  Proyecto Gutenberg, y la ilustración es de John Leech en la primera edición de 1843, tomada de Wikimedia Commons.

Después de este revulsivo, retomaremos la programación habitual. Estéi tuned, y gracias por su atención.

 

 

 

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Pupitres

El alcalde del pueblo quiso agasajar con un paseo por los jardines del templo a un funcionario visitante, quien –acostumbrado a mucha pompa y ceremonia– disimulaba mal su aburrimiento, y finalmente preguntó si era cierto que en aquel lugar vivía un monje famoso. El alcalde señaló a Lou-Sin, que junto a sus discípulos había acudido al ver la comitiva.

El funcionario aprovechó la ocasión para lanzar un discurso sobre cómo la necesidad de impartir sabiduría era pesada carga para los hombres cuyo cargo así lo exigía. Dirigiéndose a Lou-Sin, concluyó: seguramente usted entiende de eso.

El anciano meneó enfáticamente la cabeza, y el burócrata imperial, algo amoscado, preguntó: ¿No le dicen por eso “maestro”?

Entonces Lou-Sin dijo: Me dicen así porque todavía aprendo, y porque a veces soy el primero en lograrlo.

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Lecturas 2010 (II. Reencuentros y regodeos)

Cada año de lectura es distinto. Este que terminó me trajo muchas letras familiares, “viejos conocidos” que siempre transportan a épocas más simples.

Contra las “condiciones” del reto de los 50 libros, que exige que la mayoría sean nuevas páginas, en 2010 casi la tercera parte fueron relecturas, aunque hubo algún ingrediente extra. Como ejemplo, está David Copperfield, un entrañable Dickens que leí hace muchos ayeres resumido y adaptado para niños. Esta vez enfrenté su versión completa en el idioma original, y aunque me llevó más tiempo del que supuse, fue muy agradable recordar pasajes y personajes.

Algo parecido sucedió con Cuore, mejor conocido en mi tierra como Corazón, Diario de un niño, uno de los primeros libros que recuerdo haber leído. Conseguí su edición en italiano, y (sorpresa) resultó bastante fácil, sobre todo porque sus personajes e historias los conozco casi de memoria. También algo tuvieron que ver Lou-Sin y las clases de baile, pero esa es otra historia.

Julio Verne, además de presencia siempre obligada en mis relecturas, fue motivo para un grato intercambio epistolar con dos sabios y queridos amigos allende los mares en la Ciutat Comtal.

También reaparecieron, con absoluto placer, el heroico policía anarquista Gabriel Syme, de El hombre que fue Jueves, y otra novela imprescindible, Las llaves del Reino, de A.J. Cronin.

Morris West (con un libro que habla del gusto por los idiomas), Jean M. Auel (gracias a un recordatorio del LicCarpilago), Louise May Alcott (por puro ocio), Donald James (por casualidad) y Malachi Martin (por algo de morbo) completan la gran lista de los releídos, casi todos llegados a mi biblioteca para quedarse. Espero.

Pero lo mejor de todos estos reencuentros llegó al fin del verano, cuando, al hacer limpieza pre-otoñal, descubrí una caja donde había guardado algunas de las novelas que leí en mi temprana adolescencia, entre ellas las aventuras de la “Pandilla de Sherlock Holmes”, de Terrance Dicks, y las muy recomendables andanzas de la familia Larsson, escritas por Edith Unnerstad, que volví a disfrutar con voracidad y alegría.

Así concluye el recuento de la cacería de letras 2010. Ha comenzado ya la temporada 2011, así que, como dirían en ciertos barrios, “ce aseptan sujerensias”. Gracias a todos.

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Lecturas 2010 (I. Exclamaciones y suspensivos)

A consecuencia de ese inconveniente llamado “vida real” (y sin remordimientos, gracias al Decálogo del Lector de Daniel Pennac, extraído de su libro Como una novela), la lista que en 2008 tuvo 90 títulos y 84 en 2009, se redujo a “apenas” 62 tres años después. Diré para equilibrar que lo escrito tanto en la pocilga como en EyL y en otros ámbitos más personales superó por mucho mis expectativas. Pero pasemos a lo que nos truje, chanchos.

La mejor recomendación del año: Niebla, de Miguel de Unamuno, que además de reivindicar —es un decir— 😉 a Diana, fue lectura transmitida “en vivo” por Twitter. No deben perdérselo (el libro).

Un regalo bienvenido: La Virgen de los Deseos, de Néstor Taboada Terán, recibido en memorable ocasión junto a un plato de sushi. Narrativa mágica, erótica, autóctona, original.

El hallazgo: Las hijas de Romualdo el Rengo, cuento del inolvidable Cri-Cri. Un libro para perseguir en librerías de viejo y ferias de remate, y conservarlo siempre.

La rareza: The Son of Porthos, libro atribuido a Dumas, pero escrito en realidad por Paul Mahalin, contribuyente a la leyenda inmortal de los mosqueteros.

De tripas, corazón: Mundo del fin del mundo, con una gran reseña escrita por Pelusa. Luis Sepúlveda sigue pareciéndome un escritor cuya producción entera es digna de leerse.

Risa bienvenida: Pura anarquía, de Woody Allen. Hay que estar habituados a este tipo de humor, no totalmente norteamericano ni totalmente digerible. Más bien humor gris oscuro, con un poco de sal.

Rescate para los vampiros: Después de la decepcionante experiencia en 2009 con los vampiros emos de Stephenie Meyer, fue refrescante (y escalofriante) descubrir la trilogía en progreso de Guillermo del Toro y Chuck Hogan. Hasta ahora, los dos primeros libros (Nocturna y Oscura) han resultado muy satisfactorios.

Ahora sí, las listas (subjetivas y en desorden, como siempre). Primero lo “bueno”:

1. Matadero Cinco, Kurt Vonnegut. Alegato lleno de ironía, humor y crudeza sobre la guerra, narrado desde la lucidez que brinda la locura. Quienes combaten suelen ser olvidados por quienes los envían a combatir… y eso vale para todo tipo de luchas, incluso las que no usan balas.

2. Estupor y temblores, Amélie Nothomb. Sátira del mundo corporativo en un país que le rinde culto extremo al organigrama. El sabor de boca es más fuerte mientras más se parezca a lo que el lector haya visto o vivido. Otra cara de Japón que no es muy grata de ver.

3. 8.8: El miedo en el espejo, Juan Villoro. El terremoto en Chile que dejó varados (entre muchos otros) a un grupo de mexicanos sirve para recordar nuestro sismo de 1985. Crónica en paralelo de solidaridad, miedos y desenfado: gozosa y agridulce lectura.

4. Mal de escuela, Daniel Pennac. La transformación que experimentan los malos alumnos gracias a los buenos maestros, y cómo entenderla y aplicarla desde dentro. Urge que alguien haga una titánica obra de misericordia y se lo explique (o traduzca o deletree) a varios dizque maestros que infestan e infectan aulas, podios, curules y presupuestos por doquier. No digo nombres, porque esta es una pocilga decente.

5. Sherlock Holmes de Baker Street, W.S. Baring-Gould. LA Biografía (con mayúsculas) del más grande detective consultor de todos los tiempos, con lo que todo fan quiso saber o se imaginaba preguntar.

6. El inventor de palabras, Gerard Donovan. Un hombre que sabe leer y cuida su biblioteca tiene un perro; algo le pasa a uno y el hombre lo resuelve, digamos, gracias a lo otro. El único defecto de esta novela es la traducción, que a veces desinfla un poco la impactante historia.

7. Manual del distraído, Alejandro Rossi. Recopilación de artículos, ensayos, reflexiones, apuntes y hasta relatos que iluminan la mente, ponen a trabajar la imaginación y hacen volar el tiempo.

8. Un día de cólera, Arturo Pérez-Reverte. En registro “latino”, podría verse como gemelo del libro de Kurt Vonnegut. También es un vistazo a lo que sucede cuando quienes tienen el poder lo emplean para oprimir… y el estallido que provocan. Narración en parte ficticia de un suceso histórico que funciona hoy como advertencia.

9. Si una mañana de verano un niño, Roberto Cotroneo. Un ensayo para explicar, sin pretensiones, algunos libros que, más allá de su condición de “clásicos”, enseñaron a un padre a disfrutar la lectura. Escrito, como dice el subtítulo, en forma de Carta a mi hijo sobre el amor a los libros.

10. Romper una canción, Benjamín Prado. Crónica de dos amigos y su viaje para escribir las letras de “Vinagre y rosas”, el más reciente CD de Joaquín Sabina. Pleitos, Praga y parrandas en un ejercicio de escritura tándem transformado en canciones a través de música, experiencias y palabras.

Los “malos” (que no lo son tanto):

1. The front, Patricia Cornwell. Bueno para el ocio absoluto pero no mucho más, sobre las tentaciones que el poder y la corrupción esconden en un “pueblo chico” convertido, por azares de la política y algún secreto, en apetitoso botín. Una historia floja, punto.

2. La muerte de Amalia Sacerdote, Andrea Camilleri. Esta novela retrata en todos sus personajes el “no veo-no oigo-no digo” que es fórmula de la corrupción. Por eso no llega a ser un escapismo literario, sino una novela negra negrísima, con absoluta economía narrativa, y quizá por eso hace sufrir al lector. Un reverso de ficción que trae a la mente el Gomorra de Roberto Saviano.

3. Gran Canaria, A.J. Cronin. Esta la leí sólo para pasar el tiempo, pero no resultó suficiente. Sin duda, los mejores personajes de este autor son los médicos y enfermeras de sus otras novelas, y el inolvidable protagonista de Las llaves del Reino, que se cuece aparte.

En esta ocasión, hubo varios libros abandonados o inconclusos, pero quiero mencionar dos: Shalimar el payaso, que no me atrapó a pesar de todos mis esfuerzos; y De A para X: una historia en cartas, lectura exigente que (digo yo) una traducción irregular hizo más complicada.

En un próximo post, y para terminar este tema… por ahora, hablaré de otro aspecto de la aventura lectora 2010 que resultó sorprendente: los reencuentros.

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