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Chispazos Happy-Happy Inspiración pura Joy-Joy Marranadas

Ahora que sí lees

Hoy traigo para todos ustedes un libro que he releído, recomendado y regalado muchas veces, y que viene completamente al caso para despejar, distraer y divertirse un poco, algo cada vez más necesario en esta cuarentena (y no solo allí).

Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, de Giulio Cesare Croce (y Adriano Banchieri), narra sucesivamente las aventuras de un abuelo, su hijo y su nieto en la corte del rey Albuino en Verona.

La historia podría ser una de esas que cuentan la vida de varias generaciones (por ejemplo Tres lindas cubanas, de Gonzalo Celorio, o Mujercitas, de Louise May Alcott), u otras que hablan de pleitos entre la pobreza y la nobleza (El Señor de los Anillos o hasta Juego de Tronos), cada una con sus bondades, pero no.

La gran particularidad y enorme mérito de este libro se resume en tres palabras, que enfatizo si me permiten (y si no también): sentido del humor. Bertoldo es un rústico campesino, pero su agudeza mental y su ingenio no le piden nada a Sócrates. O al más brillante que le pongan enfrente, pues. En cuanto a su familia… digamos que es interesante ver cómo funcionan las supuestas leyes de la herencia. El libro asombra, enseña y sobre todo hace sonreír a quien se deje. 

Lo mejor: como es una obra escrita en 1620 (aunque traducida y adaptada, sin problemas para el lector actual), está gratuitamente disponible, ya sea en italiano o en una sabrosa traducción al español.

Por supuesto, Bertoldo y sus amigos están en la repisa de cabecera del chiquero… y por si algo nos faltara para quererlo, Croce tiene un breve escrito (aún no traducido), que ostenta el glorioso título L’eccellenza e trionfo del porco. Gracias, maestro.

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Chispazos Corriente Happy-Happy Joy-Joy

Leer para (no) estar solo

Tal vez fue Hemingway, o tal vez mi abuelo el que decía que quien sabe estar solo no necesita compañía para entretenerse. Seguro hablaban de un lector; aunque los escritores intenten exprimir la soledad, el lector no necesita hacerlo, porque simplemente se acomoda en ella.

Ese interruptor que se encendió una vez ante las letras y ya no tiene apagado ayuda a enfrentar las realidades circundantes (qué bonita palabra), aunque parezca que no saco las narices de la página. Leer exige pensar, y eso, aunque poco popular, descifra el entorno a golpe de neuronas y capítulos.

El encierro de la cuarentena se parece al lector sumergido en un relato. Las amenazas del exterior son pocas pero puntuales: el tono de mensaje, el cambio del día a la noche (o viceversa) y los aguijones del hambre y la sed, que se presentan solo cuando el libro pasa por una laaaarga descripción, un “momento de hueva” del traductor, o peor aún, una errata.

Pero ninguna interrupción quiebra más los nervios del leyente que la voz de aquel, o aquella, que nos interpela: “Bueno, es que te vi leyendo y por eso dije: ahora que no estás haciendo nada…“.

Ojalá fuera invento, pero quien lo ha vivido puede confirmarlo. Por eso, la soledad del lector está (casi) siempre bien acompañada.

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“Cayendo” en Las trampas del hambre

trampashambrePara esta pocilga es un honor compartir con el selecto público y el no tan selecto personal la aparición de Trampas del hambre, el primer libro impreso de Mara Jiménez (léase con énfasis de merolico emocionado).

Hay magia en la familiaridad, porque lo que encuentro es congruente con lo que conozco y alimenta y responde a lo que vivo. También porque (valga el “disclaimer“) la autora habita mis afectos desde años antes de que me llegaran sus letras.

Además, alguna de esas narraciones no sólo la vimos nacer, sino también desarrollarse, en un camino plagado de espinas, espigas y armonías no tan concomitantes —lo digo por Fito Páez— demasiado parecido a este blogbarrio.

Ya lo dijeron en la presentación, y de mejor modo: en “este oficio” (entiéndase lo que se quiera) hablar de un libro, provenga o no de autor querido más allá de las letras, es complicado porque, si no hay sentido del humor (y a veces aunque lo haya) es necesario combinar alegría, sadomasoquismo y envidia en partes proporcionales. Evitarlo no siempre es posible ni hace falta: ante la página, el diálogo va entre el lector y la palabra.

Otro tipo de magia, diría el viajero estilo Verne, está en acudir a lugares y escenarios: los que me parece reconocer, los que quisiera conocer, y los que desconozco. Macro o microcosmos donde creo que puedo asomarme sin peligro… pero mientras leo, adopto (o adapto) a los personajes, y adquiero un lugar como ellos o entre ellos, hasta que termina el cuento. Y me sorprendo, como cuando descubrí en los trinos que Mara había rimado voto con escroto. Ajá.

Desde la Crónica de los desayunos hasta El banquete, los seis relatos de Trampas del hambre reflejan avidez por las palabras, respeto por las historias y complicidad con el lector. Las páginas fluyen en la aparente brevedad de este libro de presentación atractiva y (hay que destacarlo) precio accesible.

Una “primera obra” que nos muestra el hambre de letras y nos deja en la trampa, porque sabemos, y esperamos, que vendrán más. Así sea.

AVISOS PARROQUIALES: Ningún animal fue maltratado en la elaboración de esta reseña, que no contiene espóileres ni risas grabadas. #SoyFanYQué

Mara Jiménez. Trampas del hambre. Editorial La Otra. México, 2016. 128pp.

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Disculpitas Explicaciones Happy-Happy Joy-Joy

Se me concedió volver

AVISO PARROQUIAL:

Hay mucho, mucho qué contar en el tintero. Aunque a veces parezca que no, en el lado técnico (por ejemplo) se pueden interponer, digamos, unas notas discordantes. Pero con un poco de buen humor, la ayuda de unos cuantos buenos amigos y una batuta es posible reacomodar las cosas para que el (des)concierto llegue hasta el aplauso.

Poco a poco, la orquesta encuentra su sitio. Tal vez, sólo tal vez, el director también lo logre.

Parafraseando lo dicho hace ya algunos ayeres: pásenle pues, que la pocilga está reabierta. Y to whom it may concern, ¡seguimos adelante!

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Corriente Explicaciones Happy-Happy

De preguntar a aventurar

Una de las curiosidades del barrio virtual es que el blogueo (mutante) se resiste a morir, probablemente porque es un monólogo más amplio o una conversación más pausada que los trinos o el caralibro, sus verdugos y competidores.

Por eso he dicho que el listado de la granja más parece osario (o lista de héroes y mártires) que blogroll.

Sin embargo no todo es luto, gracias a personalidades luminosas como la infatigable Pelusa, que además de su Diario nos ha traído proyectos inolvidables como Una Nota de Agradecimiento y, más recientemente, el amable chismógrafo 365 preguntas, de la mano de Loly y una activa comunidad comentante.

Pues he aquí que este “dúo dinámico” es el motor detrás de Una curiosa aventura, en donde los autores escriben anécdotas e imaginaciones alrededor de una idea semanal.

UCA1

Esta pocilga felicita a Loly y Pelusa por la iniciativa, así como a todo el grupo de entusiastas colaboradores… entre los cuales, quizá, verán aparecer una “manita de puerco” de vez en cuando. Estaremos pendientes.

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Quino, su Alteza (real)

El día de Reyes, las calles y los parques de México son territorio de patines, triciclos, bicicletas y patinetas, “avalanchas” y la versión estilizada del patín del diablo que ahora se llama scooter. Claro que para montarlos se necesita equilibrio, y con pata de palo, garfio y pezuñas puede ser complicado.

Por eso mientras otros pedaleaban yo conocí a unos niños que jugaban ajedrez, al futbol y a “buenos y malos”, leían historietas y veían —como yo— al Pájaro Loco. También hacían preguntas ante las que los adultos tosían, reían o se desvelaban, iban a merendar a casa de sus amigos o de vacaciones a la playa. Mientras reía con ellos, aprendí a hacer mis propias preguntas.

FelipeLuego supe quién era el autor, y que para entender sus dibujos había que pensar, aunque tal vez ya lo había aprendido, junto con la risa y lo que cada uno de ellos me enseñaron:

Libertad, a “ser simple” (pero no insípido); Miguelito, a “querer que me salga bien la vida”; Guille, a conservarme “en versión completa”; Manolito, a ser “peatón del razonamiento”; Susanita, a tener (por lo menos) un tema “bien masticado”; Mafalda, a llamar a la paz e insistir aunque “me dé ocupado, como siempre”. Y Felipe… a aventurar la voz y la mirada al exterior, allá donde están la escuela, los deberes, y (por supuesto) hasta las pelirrojas de ojos verdes.

Un aplauso tímido, humilde y agradecido al maestrísimo Quino, desde luego por el premio Príncipe de Asturias 2014, pero especialmente, por las preguntas… y por las sonrisas.

 

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Febrero en sábado (por la noche)

Aunque en esta pocilga no somos fánses de las fechas comerciales, hay cosas de las que sí nos acordamos. En este caso, febrero nos recuerda la aparición del maestro Lou-Sin en este plano de la existencia, aunque su “debut escénico” no fue en la pocilga sino en otro foro de más saneado prestigio y palabras aladas.

Sin embargo, cierto pirata navegante decidió invitar a su maestro de solfeo, también un personaje muy querido en el chiquero, para desafinar agasajar al  “hojomeneado” y los amigos de la granja, estén donde estén.

Los Muppets y Vincent Price – You’ve Got a Friend

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Happy-Happy Inspiración pura Joy-Joy

Sí hay camino

A veces la mejor manera de (re)iniciar una andadura es alzar la voz y los ojos a las estrellas, para mirar desde allá los pasos que tenemos por delante.

I.S.S. (Is Somebody Singing)

Por eso, también, a veces pasamos por alto alguna música hasta que obtiene, digámoslo así, el sello de aprobación de nuestros buenos amigos.

(Aquí iba una canción de los Muppets que el Yutub desapareció. Snif.)

Ahora sí: Que el 2014 sea para bien. ¡Sigamos adelante!

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Happy-Happy Inspiración pura Joy-Joy

Que no había nada nuevo

.. y luego estos dos sacaron un conejo de la chistera, para hacer que una canción “sagrada e intocable” suene como nunca antes. O como antes de entonces, pero aun así ahora. Wynton Marsalis y Eric Clapton, nomás. Pónganle esto al lunes, para que afloje.

Eric Clapton, Wynton Marsalis – Layla

Después de escucharlo (y levantar mi quijada del piso) debo decir, como en los comentarios al video allá en yútub: Gracias, Carlos. Muchas gracias.

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Crashing but singing

Hablando de celebrar cumpleaños, me encontré este fragmento del concierto con el que Sting festejó sus 60 hace un par de años, un dueto con Stevie Wonder que suena bastante bien para este o cualquier día.

Sting and Stevie Wonder – Fragile

O qué tal este otro, con un tal Robert Downey Jr. Sí, Iron Man.

Sting and Robert Downey Jr – Driven to tears

Ahora sí, quedó listo el jueves.