Categories
Chispazos Inspiración pura Marranadas Reseñas

Fronteras (nomás traslomita)

Parecería simple encuadrar nuestra reseña en el “basado en una historia real” que aparece en tantos libros y películas. Pero hay una diferencia clave, al mismo tiempo intimidad y desgarro.

En Fronteras, de Mara Jiménez, los personajes están vivos, y anidan en el cerebro, el corazón y otras vísceras del lector; allí encuentran ecos y disonancias. A poco de haber empezado, logran que nos importe su suerte aunque, como en todo lo nacido de la realidad, llamen más la atención las luces, por inesperadas, que las sombras, por cotidianas.

En el centro de la historia están las mujeres, y no es frase oportunista sino esencia absoluta: sororidad a prueba de distancias, desilusiones, dilemas, décadas y dictaduras que enfrenta límites impuestos desde fuera, pero también los que cada quien descubre desde dentro.

Fronteras es un libro creado con los aderezos del oficio, el sazón de los años y calidez de entraña, evidente en la voz de la narradora, que intenta desdibujarse moviendo los reflectores hacia los otros, pero igual que ellos, junto a ellos y con el fondo de ellos se retrata, digámoslo alto y claro, como protagonista de pleno derecho.

Quien esto escribe, lector todoterreno y de kilometraje más Verne que Humboldt reitera su envidia por las aguerridas letras de Mara, que ya han asomado antes por aquí, y la invitación a dejarse transportar y transformar por ellas, sin necesidad de pasaporte.

Mara Jiménez. Fronteras. Editorial Dunken. Argentina, 2022. 197pp.

Categories
Chispazos Marranadas

Celebro

Celebro la curiosidad que se comparte
y saber de otros a pesar de la añoranza,
la música que hoy cabe (casi) toda en mi bolsillo,
y el sol que me visita en la ventana.

Celebro, así como la hormiga de aquel cuento,
que aún puedo cargar mi miligramo
andando un día a la vez, de extremo a extremo,
para llenar de hechos este rincón del tiempo.

También, aunque mi voz no sea la misma
que antes de la adolescencia conquistaba escalas,
puedo escalar las letras y los signos
y esculpir en blanco y negro mejor que la cigarra.

Celebro abrir los ojos con un guiño,
y distinguir entre sueños y esperanzas;
reír a solas o en buena compañía
sigue probando ser buena terapia.

Jugar con las ideas y los recuerdos
y crear anécdotas que recordar mañana.
También, saber que a lomo de los pensamientos
no importan eras, encierros ni distancias.

Más aún que todo eso, yo celebro
que creo y que creo con la imaginación que todo alcanza,
y que si lo contagio, entre todos podremos
construir desde hoy un sólido mañana.

 

Categories
Chispazos Inspiración pura

No estoy para decirlo

“Cuando me siento a escribir un libro, no me digo ‘voy a producir una obra de arte’. Escribo porque hay una mentira que quiero denunciar, un hecho sobre el que quiero llamar la atención, y mi primera preocupación es ser escuchado. Pero no podría emprender la tarea de escribir un libro, o siquiera un largo artículo para una revista, si ello no fuera también una experiencia estética. Cualquiera que examine mi trabajo verá que incluso cuando es propagandístico contiene muchas cosas que un político puede considerar irrelevantes. No podría ni quiero abandonar completamente la visión del mundo que adquirí en la infancia. Mientras viva y tenga salud me interesaré por el estilo de la prosa, amaré la superficie de la tierra, y hallaré placer en lo tangible y en los retazos de datos inútiles. No tiene caso suprimir ese aspecto de mi persona. La tarea es conciliar esos gustos y desagrados adquiridos con las actividades esencialmente públicas, es decir, no individuales, que esta era nos impone a todos.” George Orwell, Why I Write (1946), traducción libre por Ivanius.

Categories
Corriente Marranadas

Elección, silencio y palabra

Al borde de una jornada electoral sobre la que se ha dicho prácticamente todo lo posible, entre candidatos y partidos, debates y encuestas, trinos, marchas, mentadas y sátiras, echo en falta dos cosas, o una sola con dos facetas, que me parece indispensable: el silencio y la palabra.

Extraño al silencio, porque es la única herramienta, en este océano de ruidos y gritos, para llegar a una decisión solamente mía. Y perdón por no decir “de cada uno y cada una”; la corrección política es muchas veces disfraz de los no incluyentes, que tuercen el lenguaje hasta el cansancio. Esa corrección tampoco sustituye a los modales, antes llamados civismo; la capacidad de convivir con los demás considerándonos entre todos primero como personas, luego como ciudadanos, y después todo lo que cada quien quiera, pueda o se deje, pero sólo a partir de allí.

Me hace falta la palabra, así en singular, porque significa una promesa clara, irrenunciable y estricta, que nace de la historia y el testimonio personal, no de un discurso. Esa que equivalía a un contrato y superaba al notario, ahora que tantas se olvidan en cuanto son pronunciadas, y cuando en su lugar sobran excusas para decir que mi falta de palabra es culpa de otros.

Necesito silencio, porque allí encuentro la prudencia para escuchar siempre —incluso guardándome la incredulidad, el asombro, y desde luego el insulto o la burla ante la opinión ajena o contraria— y también la paciencia (o la audacia) que ayuda a dar ejemplo y aprender de otros. Quien piensa distinto de mí no es por eso un tonto; el que ignora lo que yo sé quizás no busque compartir conmigo. La verdad no siempre acompaña a la opinión mayoritaria o el decreto, así como el error no es irremediable sentencia de muerte para el individuo.

Estoy harto de oír que éstos no tienen la razón y que aquéllos movimientos son auténticos; que unos no toleran a otros, y que los de allá son peores que los de acá. Me preocupa que, tal como los candidatos, quienes debemos elegir sólo hemos dado muestra de que no sabemos ponernos de acuerdo con los demás, precisamente en lo más importante que compartimos todos.

Gane quien gane, suceda lo que suceda, al día siguiente habrá todavía un país lleno de necesidades y diferencias. Y lo que tendremos para solucionarlo será lo mismo de siempre: ciudadanos.

Busco aprender, para que el día de la elección pueda usar bien esas dos herramientas. Entonces, a solas ante la urna, podré expresar mi decisión. No sufragaré por una causa, un movimiento o un partido, sino en nombre propio: de modo anónimo, pero significativo.

#YoSoy1Voto para construir mi país. Espero no ser el único… y que ello tampoco me detenga.

 

Categories
Corriente Explicaciones

Pupitres

El alcalde del pueblo quiso agasajar con un paseo por los jardines del templo a un funcionario visitante, quien –acostumbrado a mucha pompa y ceremonia– disimulaba mal su aburrimiento, y finalmente preguntó si era cierto que en aquel lugar vivía un monje famoso. El alcalde señaló a Lou-Sin, que junto a sus discípulos había acudido al ver la comitiva.

El funcionario aprovechó la ocasión para lanzar un discurso sobre cómo la necesidad de impartir sabiduría era pesada carga para los hombres cuyo cargo así lo exigía. Dirigiéndose a Lou-Sin, concluyó: seguramente usted entiende de eso.

El anciano meneó enfáticamente la cabeza, y el burócrata imperial, algo amoscado, preguntó: ¿No le dicen por eso “maestro”?

Entonces Lou-Sin dijo: Me dicen así porque todavía aprendo, y porque a veces soy el primero en lograrlo.

Categories
Corriente

Razones de letras III: La gana soberana

“Con la certeza matemática de no ser más tonto, me senté ante mi mesa y escribí una novela” — G. Tommasi di Lampedusa

Hay ocupaciones (es decir, características, no necesariamente virtudes) que parecen invocar victimarios espontáneos.

Tal es el curioso efecto que provoca en ciertas personas enterarse de que a uno le gusta leer. Por ejemplo un amigo –devoto de las actividades al aire libre– que al encontrar al lector instalado en cómoda silla, con el grado de sombra preciso y una bebida refrescante al alcance de la mano, sólo atina a decir: “¿Cómo te puedes quedar allí sin hacer nada en un día tan maravilloso?” O, al contemplar las condiciones de un ejemplar que hacen evidente su uso repetido: “¿Para qué guardas un libro que ya leíste?”.

Es peor si descubren que, aparte de disfrutar la lectura, nos gusta escribir. “Has de tener mucho tiempo“, me dijo uno, con el tono de que eso de trasladar ideas al papel delata consagración absoluta a la holgazanería (con h). Igualito le dicen a los diseñadores, arquitectos, actores y muchos otros, que porque nomás hacen dibujitos, repiten palabras o pulsan botones. Cómo no.

Otro quiso saber sinceramente cuántos libros he escrito. Igualmente sincero (y casi tan pragmático) le dije: ninguno que valga la pena todavía. De inmediato me contestó: “¿Entonces, de qué te sirve  escribir?”.

La respuesta no la transcribo. Pero me recordó (más o menos) un viejo chiste:

Leí que el alcohol era malo y dejé de tomar. Leí que el tabaco era malo y dejé de fumar. Leí que el sexo era malo y dejé de leer.

Yo sigo leyendo. Y escribiendo también. Porque sí.

 

Categories
Corriente

Empatías

Ante las tristes noticias recibidas sobre Fukushima, los monjes se acercaron al viejo maestro en busca de palabras de consuelo y esperanza. Lou-Sin les invitó a cerrar los ojos y meditar ante el fuego ceremonial del patio.

Mientras tanto, llegaron al monasterio algunos grupos que hacían campismo en el bosque vecino, y al ver a los monjes decidieron imitarlos. Pronto, el patio entero estuvo repleto de gente.

Entonces uno de los discípulos preguntó: Maestro, ¿qué hacer cuando suceden estas catástrofes?

Entonces Lou-Sin señaló con gesto amable a la multitud y dijo: Quienes extienden la mano para actuar siempre encontrarán otras manos que les acompañen.

Categories
Corriente

Guateques

Aquel día, el pueblo cercano al monasterio se preparaba para una celebración que a unos les parecía costumbre añeja pero poco significativa y otros consideraban tradición noble y necesaria.

El alcalde, buscando aprender (y también agradar a sus electores), decidió invitar al viejo maestro a dar el discurso del festejo.

Al tomar la palabra, tras una reverencia a la asamblea, Lou-Sin sonrió y dijo:

Las fechas son valiosas no por obligarnos a conmemorar recuerdos, sino porque nos impulsan para crearlos.

Categories
Corriente Explicaciones

Dímelo al oído

En alguna de mis lecturas hallé una frase de Mark Twain que se quedó conmigo sin la fuente exacta: “Si se enviara un mensaje a cada hogar diciendo ‘Huye, todo se ha descubierto’, las casas quedarían vacías”. Así es el antimurmullo, la esfera negra recibida en el comedor del Almirante Benbow. Un diagnóstico de fatalidad ante el que sólo cabe una de dos cosas: embrutecimiento o entrega.

No sé si resulte irónico solamente para mí, pero leer a un clic de distancia el elogio a la imaginación de Vargas Llosa al recibir el Nobel y las declaraciones de Julian Assange, el “antiprofeta” de Wikileaks, me han hecho mirar sobre los hombros un poco más paranoicamente que siempre. Recordé entonces uno de los principios sí escritos de este espacio: “vivir no ensucia, y si nos cae la mugre, agradecemos que sea nomás por fuera”.

En la casa de los trinos, por ejemplo, ¿qué pasaría si el torrente de mensajes directos quedara al descubierto? Alguno se cuela a veces, y nunca falta el ánimo chocarrero que inmortaliza esos despistes.

Creo que olvidamos, en este tráfago de voces, el valor de los verdaderos silencios y la confianza que se ejerce en una conversación directa. Lo que se pierde, si no lo sabemos cuidar (fácil: sólo requiere modales), no es el secretismo, sino la libertad de elegir a quién decirle lo que queremos decir.

Creo que ni siquiera la imaginación está a salvo de su locura, y que el territorio humano se vuelve más agreste a cada frase intempestiva. Por eso defiendo, más que la “cultura de la denuncia” o el “edificio de cristal”, la educación de la confidencia, el valor de lo discreto. Porque exige criterio, formación y congruencia, así como el escultor no sólo maneja el cincel, sino que tiene un plan de trabajo y una lija de agua.

Aprender a conversar con electrones, con voces o con signos es algo indispensable para convivir (vivir-con). Saber que las palabras son poderosas, y pueden ser eternas, no debe impedir que las usemos.

Aunque no sea secreto, lo que nos llega así, como en voz baja, tiene efecto contundente, casi físico. Y a veces sin el casi. No hablo del chisme, sino de ese susurro con retintín que es signo de ironía, complicidad o regocijo compartido.

Allí residen la magia y el poder de las voces al oído: en estremecer el alma de hombres y de palabras.

Categories
Corriente Marranadas

Orwelliana

“Cuando leemos algún texto impregnado de fuerza personal, nos parece atisbar un rostro tras las letras que no es necesariamente la verdadera faz del escritor. Así me sucede con Swift, con Defoe, con Fielding, Stendhal, Thackeray y Flaubert, aunque en algunos casos no sé cómo eran sus caras y tampoco me hace falta. Lo que el lector ve es el rostro que el escritor debería tener. Bueno, en el caso de Dickens veo un rostro que no es precisamente el de las fotografías de Dickens, aunque se le parece. Es la faz de un hombre cuarentón, rubicundo y con una pequeña barba. Ríe, y su risa tiene un toque de furia, pero sin malicia ni revanchismo. Es el rostro de un hombre que siempre está luchando, pero abiertamente y sin temor: un hombre de generosa furia, es decir, un liberal decimonónico, una inteligencia libre, alguien detestado al unísono por todas las pequeñas ortodoxias apestosas que hoy en día pelean por nuestras almas”. George Orwell, sobre Charles Dickens (1939) –Traducción libre.

Content Protected Using Blog Protector By: PcDrome.