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Hoy Jim Henson habría cumplido 77 años. Y como en esta pocilga somos nomás tantito sus fánses, aquí tienen como tributo una de sus canciones más emblemáticas, en gran interpretación de Bernadette Peters y unos amigos.

Bernadette Peters and The Muppets - Just One Person

We do believe, Sir. Happy Birthday.

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GeoreOrwell-Wikimedia_Commons"Cuando trabajé en una librería de segunda mano —un lugar que muchos imaginan, especialmente si nunca han trabajado allí, como una especie de paraíso donde ancianos encantadores hojean tomos encuadernados en piel— lo que más me impactó fue la escasez de auténticos bibliófilos. Nuestro establecimiento tenía un surtido excepcional de mercancía, y sin embargo dudo que el diez por ciento de los clientes pudieran distinguir entre un libro bueno y uno malo. Había más presumidos cazadores de primeras ediciones que amantes de la literatura, aunque los estudiantes del Oriente que solían regatear libros de texto eran más aún, y las señoras distraídas en busca de regalos para algún sobrino, las más usuales de todos". (Bookshop Memories, 1936).

"Desde muy chico, quizás a los cinco o seis años, supe que al crecer me haría escritor. Entre los diecisiete y los veinticuatro intenté abandonar esa idea, pero lo hice sabiendo que traicionaba mi naturaleza y que tarde o temprano debía ponerme a escribir libros". (Why I Write, 1946), traducciones al vuelo por Ivanius.

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Saint-Exupery_Paris_gnufdl_wikimediacommons

Julio 31, 1944.

...Hace un minuto que las hélices dejaron de girar. Mis ojos ven un panorama casi simétrico hasta el horizonte. Como siempre, me pregunto qué haríamos los vagabundos del desierto sin la compañía de las estrellas, perdidos en medio de esta inmensidad que siempre se repite.

Contemplo en silencio el paisaje dorado y rojo, con las primeras luces del día. Estoy seguro: éste es el sitio donde aterricé para reparar mi más afortunada avería, cuando conocí al pequeño príncipe. Éste es el lugar donde llegó a la Tierra, aquí me pidió que le dibujara un cordero dormido en una caja para llevárselo a su pequeño planeta. Qué más da si hoy despegué de Córcega y debo reportarme en Marsella. Desde aquel accidente, todos mis puertos de descanso tienen el mismo rostro, aunque Didier se burle.

¿Qué habrá sido de ellos, el niño, el cordero y la rosa? Me gusta pensar en el reencuentro del príncipe y la flor. Quizá la rosa sufrió un poco al principio por los celos... compartir es difícil.

—¡Estábamos tan bien los dos y ahora llegas con un animal en una caja! ¿Qué vamos a hacer con él?
—No te pongas así... ¡es tan pequeño! En el camino le conté muchas cosas de ti, de lo hermosa que eres, de todo lo que hacemos aquí juntos. Él sólo necesita una raíz de baobab de cuando en cuando para alimentarse. Anda, míralo; quiero que sean amigos.

Desde entonces, a veces la rosa le hace muecas al cordero tras la seguridad de su campana de cristal y él se acerca balando suavemente a darle los buenos días. No lo he visto, Consuelo, pero no es necesario: la risa de las estrellas me lo cuenta todo.

En cada uno de mis viajes vuelvo aquí, al único lugar a salvo de la locura y el absurdo. A unos cuantos kilómetros hay una guerra en la que los hombres se matan unos a otros, mientras yo pienso en un planeta lejano que nunca veré.

Los adultos mueren, pero en alguna parte hay un niño que ríe, un cordero que bala suavemente y una coqueta rosa que todos los días amanece cubierta de rocío. Mientras existan ellos, sobre todo ellos, no debo estar triste.

Se hace tarde. Es hora de subir a mi P-38 y cabalgar en el viento, mientras abajo se extiende el desierto eterno como un amigo, sí, como otro enorme amigo que espera a que me canse de volar, para esconderme entre sus brazos quizás en el mismo rincón donde una vez un niño me pidió un cordero...

[Mañana 6 de abril se cumplen 70 años de la publicación de El Principito. Por eso quise transportar este texto desde EyL, como homenaje a Saint-Ex, pero sobre todo, a la imaginación y la esperanza, que nunca están de sobra, y para que quede como testimonio en esta pocilga.]

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"En el país donde vive Montag está prohibido leer. Porque leer obliga a pensar, y pensar impide ser feliz".

Hace bastantes ayeres, cuando vi esas frases en la cuarta de forros de un libro, TUVE que comprarlo. Hoy no necesito tenerlo a la vista para recordarlas y volver a vivir, como entonces, el asombro de un lector sumergido en un mundo que parecía creado sólo para él, de la mano de un narrador que se indignaba igual que yo ante un mundo donde los libros están proscritos.

"If we listened to our intellect, we'd never have a love affair. We'd never have a friendship. We'd never go into business, because we'd be cynical. Well, that's nonsense. You've got to jump off cliffs all the time and build your wings on the way down."

Hubo una vez un escritor que le demostró a muchos lectores que las palabras sobreviven, inflaman, alimentan... porque ayudan (también) a pensar y a ser felices... extendiendo las alas.

Godspeed, Mr. Bradbury.

AVISOS PARROQUIALES

Este es el post 399. Fin del comunicado.

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"Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días".

A veces un lector tiene momentos de intimidad inexplicable con las letras de otros a quienes nunca ha visto. Incluso puede descubrir palabras escritas para él, aunque no lo hayan sido, que podría (más bien desearía) haber escrito, de tanto que las piensa o hasta las dice.

" ... uno va quedando aletargado delante de la pantalla, y aunque no encuentre nada de lo que busca lo mismo se queda ahí, incapaz de levantarse y hacer algo bueno. Nos quita las ganas de trabajar en alguna artesanía, leer un libro, arreglar algo de la casa mientras se escucha música o se matea. O ir al bar con algún amigo, o conversar con los suyos. Es un tedio, un aburrimiento al que nos acostumbramos como 'a falta de algo mejor'. El estar monótonamente sentado frente a la televisión anestesia la sensibilidad, hace lerda la mente, perjudica el alma." (Donde dice televisión, pongan ustedes pantalla.)

A veces, el propio naufragio pasa inadvertido gracias a esa esperanza, que se consume (y se contagia y comparte) en pequeñísimas, precisas dosis cotidianas, casi con miedo de intoxicarse. Pero reanima.

"No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí. Y entonces ¿cómo? Hay que re-valorar el pequeño lugar y el poco tiempo en que vivimos, que nada tienen que ver con esos paisajes maravillosos que podemos mirar en la televisión, pero que están sagradamente impregnados de la humanidad de las personas que vivimos en él."

La reflexión es nostalgia. Nostalgia como ausencia indefinible, que debemos aceptar, pero ante la cual resulta imposible resignarnos. El lector, frente a la página, se contempla de pronto como heredero de un ejército de voces.

"Algo notable es el valor que aquella gente daba a las palabras. De ninguna manera eran un arma para justificar los hechos. Hoy todas las interpretaciones son válidas y las palabras sirven más para descargarnos de nuestros actos que para responder por ellos."

A veces, los ecos son tañidos en el alma, especialmente al creer que los huecos en mi interior están allí simplemente para hacer resonancia, y se vuelven exigencias de armonía sin pentagramas, música sin instrumentos, alegrías espontáneas.

"Tenemos que reaprender lo que es gozar. Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o de un trabajo bien hecho. Gozos verdaderos son aquellos que embargan el alma de gratitud y nos predisponen al amor."

Por eso luchamos contra un montón de inclinaciones que, como su nombre indica, nos arrastran hacia abajo. Porque aún es cierto que el gozo trae consigo tanto la exigencia de vivirlo como la tentación de agotarlo. Es importante que no nos venza el tedio, dejar de pensar en lo cansado que es seguir adelante. Porque si no avanzamos nos hundimos.

"Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa. Los hombres necesitan que nuestra voz se sume a sus reclamos."

Al lector le sorprende el número de veces que asiente. El veterano devorador de páginas ha subrayado --horror-- aquí y allá una frase, un párrafo...  en conjunto casi páginas enteras. De vez en cuando vuelve a ese libro, a unos pocos libros (ni tan pocos, dirá irónicamente alguno) para releer, para espigar de nuevo chapuzones de frescura en el desierto alienante de la rutina, y seguir adelante.

"La primera tragedia que debe ser urgentemente reparada es la desvalorización de sí mismo que siente el hombre, y que conforma el paso previo al sometimiento y a la masificación. Hoy el hombre no se siente un pecador, se cree un engranaje, lo que es trágicamente peor. Y esta profanación puede ser únicamente sanada con la mirada que cada uno dirige a los demás, no para evaluar los méritos de su realización personal ni analizar cualquiera de sus actos. Es un abrazo el que nos puede dar el gozo de pertenecer a una obra grande que a todos nos incluya."

Las citas pertenecen al imprescindible (digo yo) La resistencia, de Ernesto Sábato (1911-2011), escritor argentino. Los intertextos, como siempre, son irresponsabilidad de esta pocilga. Y qué; al cabo es lunes.

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"Donde no hay libros hace frío. Vale para las casas, las ciudades, los países. Un frío cataclismo, un páramo de amnesia".

Valga decir que no la conocí. O que la tuve cerca, pero casi lo supe tarde. O que alguna vez hallé palabras con terremoto pero no sabía que eran de ella. Luego la identifiqué gracias a este blogbarrio, a la pocilga y los amigos de la granja, especialmente mi chanchosocio, Marilú ("la edecán rosa") y Pelusa.

Hoy que hice mi paseo por los sitios de a veces y los de casi siempre, me topé --en el rincón de Jorge Braulio, artífice y maestro del haiku-- con la noticia de su muerte esta semana.

"Queremos —debemos— denunciar para sanear, informar para corregir, saber para transmitir, analizar para optar. Y decirlo todo con nuestras palabras, que son las del diccionario."

La eñe, que también es gente, está de luto. Pero las canciones buenas y las buenas letras no dejarán de sonar.

Que haya más libros, más letras, más canciones. Y que María Elena Walsh (1930-2011) descanse y cante en paz, así como la cigarra. Para que en las casas, las ciudades, los países, desterremos por fin cataclismos y amnesias.

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En días lejanos, cuando el monasterio era mucho más nuevo, Lao-Shi era el viejo maestro. Corpulento como un buey y testarudo como una mula, su voz se hacía oír de un lado a otro del monasterio, donde se desplazaba con agilidad a pesar de estar sentado siempre en una tabla con ruedas, por un accidente del que jamás hablaba.

Lao-Shi elegía a sus discípulos de modo extraño y los instruía con fiereza, exigiéndoles largas jornadas de meditación y otros ejercicios mentales y físicos a los que no estaban habituados. Sus métodos de enseñanza hacían fruncir el ceño a más de uno en el Consejo de maestros, pero aquel coloso indomable se reía. Así lo conooció un joven novicio, que con el tiempo llegaría a ocupar lugar propio entre los monjes.

En un rincón del monasterio hay un pequeño nicho de madera y piedra. Algunos dicen que, si guarda el debido silencio, el visitante puede oír el rumor de los espíritus antiguos.

Allí acude Lou-Sin frecuentemente a encender el pebetero. No se lo ha dicho a nadie, pero lo que escucha siempre, más que la voz, es la risa de su viejo maestro.

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"Cuando leemos algún texto impregnado de fuerza personal, nos parece atisbar un rostro tras las letras que no es necesariamente la verdadera faz del escritor. Así me sucede con Swift, con Defoe, con Fielding, Stendhal, Thackeray y Flaubert, aunque en algunos casos no sé cómo eran sus caras y tampoco me hace falta. Lo que el lector ve es el rostro que el escritor debería tener. Bueno, en el caso de Dickens veo un rostro que no es precisamente el de las fotografías de Dickens, aunque se le parece. Es la faz de un hombre cuarentón, rubicundo y con una pequeña barba. Ríe, y su risa tiene un toque de furia, pero sin malicia ni revanchismo. Es el rostro de un hombre que siempre está luchando, pero abiertamente y sin temor: un hombre de generosa furia, es decir, un liberal decimonónico, una inteligencia libre, alguien detestado al unísono por todas las pequeñas ortodoxias apestosas que hoy en día pelean por nuestras almas". George Orwell, sobre Charles Dickens (1939) --Traducción libre.

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Querida Mrs. Mallowan:

Hace unos días decidí releer pronto alguna de sus famosas novelas, con el pretexto de haber encontrado un libro sobre sus métodos de dispersión mental investigación y descubrir que guardan cierta semejanza con los de quien esto escribe, aun cuando mi caligrafía es mucho menos elegante.

Seguramente nuestra querida Miss Marple sería la única con suficiente paciencia para desenredar tales madejas de ideas; después de todo, el encanto de las libretas es precisamente su disposición a recibir casi cualquier cosa, desde la puntuación de un juego de cartas hasta la receta de una pócima.

Junto al recorte de una revista, es posible encontrar algún recado personal, la letra de alguna canción, un poema u otra nota que seguramente Poirot tacharía de insensatez (la imaginación, Monsieur, también emplea pequeñas células grises). Los dibujos de sus apuntes harán las delicias de cualquier futuro antropólogo... mientras los míos, siento decirlo, le provocarían hilaridad a Jacob Marley.

Es verdad: a veces el entusiasmo por escribir rebasa toda intención de orden. Mis varias libretas también tienen forma y tamaño diverso, aunque no llegan a ser tantas como las 73 que el investigador encontró en casa de su nieto. Confío que, en el futuro, un hipotético descubridor de mis apuntes los trate con delicadeza, en vez de considerarlos (como Poirot) evidencia incontestable de locura.

Hoy, cuando la mayoría prefiere apuntar con electrones antes que sobre  papel, no puedo dejar de pensar si a usted, admirada señora, le sucedería lo mismo que a mí, a quien las "facilidades electrónicas" le parecen generalmente más amenazadoras que entrañables.

Por ese motivo me atrevo a escribirle, haciendo votos para que su fama perdure. Así, cuando alguien me pregunte, sabré decirle por qué no renuncio --siguiendo un ilustre ejemplo-- a mis confiables y queridas chancholibretas.

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« ... [dijo Gregory:] Sí, el poeta tiene que andar descontento aun por las calles del cielo. El poeta es el sublevado sempiterno.
--¡Otra! --dijo irritado Syme-- ¿Y qué hay de poético en la sublevación? Ya podía usted decir que es muy poético estar mareado. La enfermedad es una sublevación. Enfermar o sublevarse puede ser la única salida en situaciones desesperadas; pero que me cuelguen si es cosa poética. En principio, la sublevación verdaderamente subleva, y no es más que un vómito.
Ante esta palabra, la muchacha torció los labios, pero Syme estaba muy enardecido como para hacerle caso.
--Lo poético --dijo-- es que las cosas salgan bien. Nuestra digestión, por ejemplo, que camina con una normalidad muda y sagrada: he ahí el fundamento de toda poesía. No hay duda: lo más poético, más poético que las flores y más que las estrellas, es no enfermar.
--La verdad --dijo Gregory con altivez-- el ejemplo que usted escoge...
--Perdone usted --replicó Syme con acritud--. Se me olvida que habíamos abolido los convencionalismos.» G.K. Chesterton, El hombre que fue Jueves.

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