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Ya hace tiempo que la noticia de este magnífico video ronda el planeta. Dura un ratito, pero la paciencia tiene sus recompensas, se los aseguro (hasta acaba de ganar el Academy Award mejor conocido como Oscar; aunque eso no es lo importante). Gracias a Pelusa por haberlo enviado acá primero, y a ustedes, por estar. Quedan en buena compañía.

The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore

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Este video circuló hace unos días por correo y en la casa de los trinos, pero es demasiado propicio para dispersar el lunes... y como "prólogo" del tradicional recuento de lecturas en este chiquero lodoso pero gozoso, que en 2011 (¡otra vez!) superó el Reto de los 50 libros. Gracias a todos los que, en el ciberespacio y más allá, me lo hicieron notar. Disfrútenlo.

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Gabilondo Soler, por supuesto, en cátedra de humor, inteligencia y más, con una canción y hasta un homenaje isleño. Dura diez  minutos, así que tarda algo en bajar, pero una vez que empieza vale la pena.

¡Quién hablara como él habla de lo que habla
...cuando hay tantos (y tantas) que no saben hablar!
Yo, que quiero aprender a hablar como él nos habla,
sé que, cuando habla un maestro, lo mejor es callar.

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Water_drops_on_spider_web_detail_WikimediaCommonsComo tela de araña, tiene aparentemente una pauta adivinable; como gota de agua, una vez acogida, se desvanece dejando la mano (o la lengua) un instante más fresca.

Como recuerdo, vivifica emociones que luego se dispersan en la caja de resonancia que a veces llamamos cuerpo y a veces creemos alma.

La poesía es hilván del espíritu que puede parecer frágil y demasiado sutil, pero construye maravillas que atrapan.

Tú preguntaste. Ahora, calla.

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Ni siquiera un renglón ayer he escrito,
que es para mí fortuna nunca vista;
hice por la mañana la conquista
de una graciosa ninfa a quien visito.

Entre amigos comí con apetito;
fui luego en un concierto violinista,
y me aplaudieron como buen versista
en cierto conciliábulo erudito.

Divertíme en un baile, volví en coche,
y el día se pasó como un instante.
¡Qué diversión tan varia, tan completa!

¡Qué vida tan feliz! Pero esa noche
me quitó el sueño... ¿Quién? Un consonante.
¡Oh, desgraciada vida de poeta!

Tomás de Iriarte (1750-1791), poeta y fabulista español. Texto de Wikisource.

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Estas son dos obras que comprueban por qué los clásicos son llamados así... y por qué es necesario, además de respeto, mucho talento propio para reinterpretarlos.

The Doors - Adagio (Albinoni)

Jethro Tull - Bourée (Bach)

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pergamino_wikimediacommonsAsí soy, me dijiste. Tú sabrás si puedes soportar tocarme sólo bajo mis condiciones. Porque no estoy dispuesta a ceder.

Tu sonrisa me ahogó las respuestas y la rabia. Al diablo con lo que piensen los demás.

¿Estás seguro?

No podía pensar en otra cosa. Si tenía que ser así, lo aceptaría.

Siempre hay dudas. Mi propio carácter, mi formación y la realidad de mi trabajo cotidiano me obligan a cuestionar todo lo que venga de ti. Aun así, eres la única que se atreve a reír en mi propia cara, para después dar media vuelta y desaparecer, ¿te das cuenta?

Estos últimos días a solas conmigo son una pesadilla; no se lo he contado a nadie, y de todas formas no me creerían. Tengo su respeto porque cumplo, porque mi trabajo es necesario y porque casi siempre soy el único que puede hacerlo, pero no me estiman, y creo que es por ti.

Acabo de saber que te fuiste con otro, que lo haces todo el tiempo. Creo que siempre lo supe, pero (este también es un cliché) fui el último en aceptarlo.

Me duele que seas así, pero ese es tu modo, y quizás la razón por la que me atrajiste desde el principio. No tienes ataduras, por eso anidas a capricho.

Yo soy sólo un escribidor, condenado a esperarte siempre ante la hoja en blanco.

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g_k_chesterton_270wikimediacommons«Admire usted nuestro estilo arquitectónico más puro, antes de que perezca bajo el peso de los tiempos que corren --dijo entonces Pierce, señalando la zahúrda de los cerdos, un lugar, por cierto, hecho a base de tablones rotos y mal clavados entre sí, aunque suficientemente amplio como para dar cobijo a una buena piara--. Aquí tiene usted, mi querido Mr. Oates, el edificio medieval más  digno de la vieja Inglaterra... Empero --añadió teatral, como si fuera a llorar-- , puede que muy pronto no sea más que un recuerdo de los días de nuestra mayor gloria... No obstante, le digo a usted que cuando al fin caiga a tierra esta construcción maravillosa, caerá también Inglaterra, y temblará entonces el resto del mundo, pues se cernirá sobre las demás naciones un destino igual de trágico.»
Cuentos del Arco Largo (1925), de G.K. Chesterton, por supuesto.

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