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Ootra de tráfico.

[youtube w384w3pn2k0]

No estoy seguro que esté o que he estado en este puente hoy, ayer, la semana pasada, el año pasado… Lo que si se es que en este momento con gusto lo haría, ya traigo la maleta y los tenis allá atras, la playera, los chors, y de una vez podría matar 2 pájaros de un tiro: hago esa carrera pendiente de 28 kilómetros sudando la camiseta a cada paso y llego a casa antes que toda esta bola de weones.

¿Y el auto?

Ese se cuida solo. No sería la 1° vez que se lo llevan al corralón.

Además, correr de noche es bien bonito.

Ootra de tráfico.

[youtube w384w3pn2k0]

No estoy seguro que esté o que he estado en este puente hoy, ayer, la semana pasada, el año pasado… Lo que si se es que en este momento con gusto lo haría, ya traigo la maleta y los tenis allá atras, la playera, los chors, y de una vez podría matar 2 pájaros de un tiro: hago esa carrera pendiente de 28 kilómetros sudando la camiseta a cada paso y llego a casa antes que toda esta bola de weones.

¿Y el auto?

Ese se cuida solo. No sería la 1° vez que se lo llevan al corralón.

Además, correr de noche es bien bonito.

Una buena y una mala.

Se apareció el genio y me dijo: “Aquello que me habías pedido está listo, ya terminaron la obra del segundo piso del periférico”. Uf. Escuchar eso me hizo el hombre más feliz de la tierra, o al menos de Izcalli y sus alrededores.
Brinque, flipé, lloré y cuando me iba a arrancar con el eskimbombori, me dijo: “lo único malo, es que, como no me pediste que quitara el tráfico a la bajada, pues falto eso”.

Heme aquí en la fila para incorporarme. Gracias genio.

El sad one.

[youtube MKhuZGk5qZ8]

NOTA AL AMABLE LECTOR: no podrá usted (se lo aseguramos) disfrutar el siguiente artículo sin antes haber visto *completo* el video.

Gracias.

~*~*~*~*~*~*~*~

15 de diciembre 2011, 7pm, México, D.F.
Con ya algunos tintos corriendo por mi sistema, me llama el maistro de ceremonias:

“Y ahora con ustedes, Bob-Alberto, Harris-Estrada… Que nos va a cantar ‘El triste’.
¡¡¡CLAP CLAP CLAP CLAP CLAP!!!”

Volteé a ver al respetable, compuesto en su mayoría por gente borracha y entre risas y caras de incredulidad, que me arranco:
“Qué triste fue decirnos adiós
cuando nos adorábamos más,
hasta la golondrina emigró
presagiando el final….”

Berreé, grité, modulé, susurré y microfoneé como una diva y al final, atropellando al maistro de ceremonias, terminé envuelto en una ovación de pie con la cara a las luces, y diciendo mil y un gracias.

Pota.
Quedé coronado como “El Rey del Karaoke”… pero ¿recuerdan a Juanito Farías? Así, pero con menos cara de chango.
Pa pronto: quedé en tercer lugar, fuera de los VeTePés que se rifaban ahí, con otro áipod para mi impúdica colección.

El karaoke, las borracheras, las netas, el trabajo, los libros, las revistas, los amigos, los encuentros tuiteros, el tuiter, el feis, la gente, las aglomeraciones, el tráfico, Izcalli, Chiluca, las promesas, los desencuentros, las rupturas, las reconciliaciones, las carreras, los entrenamientos, el maratón…

En estos casi quince meses que me he alejado de la pocilga, esas palabras acá tan simplemente escritas reseñan en parte en qué he estado metido.
Regreso porque uno siempre regresa a casa. Que ¿qué voy a hacer? pues sepa –a ciencia cierta–; lo que sí, le copiaré a Diana con lo de su cocodrilo, y postearé no tan largo como mi compañero de fórmula, ni tan poco como en el tuiter.

Nos vemos, respetable público lector de la pocilga.

Alberto, o @estradalberto pa los cuates.

I’m a believer.

[youtube 2BvbD-1qZtc]

Siempre.
Es la misma.

– ¡jefe! ¡jefe!…
Vociferó el viene-viene mientras corría desesperado hacia mí.

– Ah chingá, ¿es a mí?

– Oiga, esquire, si deja ahí su coche los de la administración lo van a regañar… Esque no se pueden dejar los carros ahí…
Ire, sesque no se puedeee.

Entre la prisa, mi eterna disposición a alejarme de los problemas y que soy un creyente de la palabra de los demás, y aún sabiendo que ahí no existía tal administración, me fuí de ahí diligentemente.

Mi conclusión es la de siempre: soy un confiadote.

“Ooiga jovenazo, esquire… Me acaban de asaltar aqui a la vuelta y voy hasta zacatepec y necesito pal pasaje”.

“Ire joven, lo que pasa es de que mi papá está en el hospital y necesito pa la medecina”

E invariablemente la respuesta es la misma: “Assh, a ver, ¿cuànto necesitas?” Y ya.

De los dichos y mitos, ni hablar.
El ratón de los dientes.
Los reyes magos.
El cofre de oro al final del arcoiris.

Siempre siempre siempre, mi fecunda imaginación es la mejor presa para todo aquel que quiere aventar un choro. Y que se lo crean de corazón.

La llegada a la luna.
De esa ni hablamos.

Bueno, mejor sí.
Hoy hace 40 años el hombre, como raza, pues, puso su pie en la luna por primera vez.
Doce mortales, tan solo una docena de nosotros humanos, creo que todos vivos todavía, pudieron hacerlo.

¿Cómo será? ¿se oirá algo? ¿será que si es diferente? o ¿será que el cerebro se da cuenta que si está lejos de casa y juega el truco?

Dicen los partidarios de la conspiración que todo fue un gran truco.
Que fue nomás una mentirota que usaron los gabachos para tomar la manija del mundo y reclamar “su liderazgo”.
Que fue un filme de Stanley Kubrick.
Que en general, fue un gran escám, muy elaborado y con millones y millones de cómplices alrededor del mundo .
Una de las primeras victorias de la chinche televisión.
¿Será?

Me niego a pensarlo así.
Y ahí está el biliver.
El que cree. El que confía.

Creo que puedo seguir creyendo en eso mientras no me cueste un varo, porque el día que me llegue un mensaje diciendo “oprima 0 para depositar mil varos y opinar que el hombre llegó a la luna” entonces ese día no creeré.