Categories
Corriente

Hallazgos

Lou-Sin trabajaba en una esquina soleada del patio del monasterio, rodeado de pájaros que entonaban incesantes batallas y juegos con sus trinos.

En su cuenco de madera, el maestro puso un poco de musgo y otras hierbas. Después lo depositó en un hueco alto del viejo castaño y se retiró sonriendo.

Uno de los discípulos, que lo había visto todo desde lejos, preguntó: Maestro, ¿acaso las aves no tienen sus propios nidos?

Entonces Lou-Sin le contestó: Alguna encontrará ese como una sorpresa, y sabrá compartirlo.

Categories
Corriente

Resonancias

En días lejanos, cuando el monasterio era mucho más nuevo, Lao-Shi era el viejo maestro. Corpulento como un buey y testarudo como una mula, su voz se hacía oír de un lado a otro del monasterio, donde se desplazaba con agilidad a pesar de estar sentado siempre en una tabla con ruedas, por un accidente del que jamás hablaba.

Lao-Shi elegía a sus discípulos de modo extraño y los instruía con fiereza, exigiéndoles largas jornadas de meditación y otros ejercicios mentales y físicos a los que no estaban habituados. Sus métodos de enseñanza hacían fruncir el ceño a más de uno en el Consejo de maestros, pero aquel coloso indomable se reía. Así lo conooció un joven novicio, que con el tiempo llegaría a ocupar lugar propio entre los monjes.

En un rincón del monasterio hay un pequeño nicho de madera y piedra. Algunos dicen que, si guarda el debido silencio, el visitante puede oír el rumor de los espíritus antiguos.

Allí acude Lou-Sin frecuentemente a encender el pebetero. No se lo ha dicho a nadie, pero lo que escucha siempre, más que la voz, es la risa de su viejo maestro.

Categories
Corriente

Flexiones

Uno de los novicios se acercó al maestro para preguntarle si era cierto que la senda de la contemplación exigía olvidar los sentimientos para lograr la perfección.

El anciano monje pidió a su discípulo que le contara quiénes eran sus padres y cómo era la vida en el remoto país donde había nacido.

Conversaron largo rato sobre las experiencias de cada uno dentro y fuera del monasterio, y al final, mientras el joven discípulo saboreaba sus recuerdos, Lou-Sin sonrió y le dijo:

Ahora sabes que el corazón es más elástico que irrompible, aunque sólo haya una manera de aprenderlo.

Categories
Corriente Disculpitas Explicaciones Marranadas

Miradas

Tras presenciar una acalorada discusión entre dos de los monjes, uno de los discípulos preguntó al maestro: ¿qué es más difícil: defender la verdad o superar la mentira?

Lou-Sin levantó los ojos y dijo: Lo más difícil es conservar la serenidad, tanto al sostener una opinión como al aceptar sus consecuencias.

AVISOS PARROQUIALES:

UNO. La ausencia virtual de los titulares de este espacio se debe a una ligera (pero imprescindible) molestia llamada vida real, que a veces se pone un poco exigente.

DOS. Los ajustes derivados del cambio de imagen de la pocilga aún no terminan con la paciencia, pero sí con el tiempo.

TRES. Por cierto, este es el post 299. Lo que sigue nadie lo sabe… pero ya llegará. Estéi tuned.

Categories
Corriente

Peaje

Los maestros decidieron tomar unos días de vacaciones, y dejaron a cargo del monasterio a un recién ingresado, que había sido eficiente funcionario en el pueblo.

El nuevo administrador introdujo cambios en los quehaceres cotidianos, para disgusto de muchos que habrían querido alguien más experimentado en la tradición del templo.

Algunos se rebelaron, y a escondidas hacían las cosas “como antes”, con la esperanza de que, al regresar los maestros, todo volviera a la normalidad.

Al llegar, los viajeros se incorporaron a las tareas, el monje encargado regresó a sus labores y no hubo comentarios sobre las discrepancias.

Un par de días después, los más rebeldes decidieron plantearle su disgusto y sorpresa al viejo maestro.

Lou-Sin, como siempre, los escuchó atentamente. Después sonrió y dijo:

La ira siempre cobra más caro a quien la esgrime. Y el indócil trabaja doble.

Categories
Corriente

Horizontes

Un hombre se acercó al maestro, para preguntarle si hacerse monje le ayudaría a dejar atrás su pasado.

Si es así –le dijo– ¿qué significado tendrá todo lo que me hicieron y lo que yo hice antes de llegar aquí?

Lou-Sin, sonriendo, respondió: Cada instante es cuenta nueva; tu tarea es nombrarlo rencor o aprendizaje.

Categories
Corriente Happy-Happy

Espasmos

El encargado de la cosecha acudió a Lou-Sin para decirle en tono de confidencia que al terminar las tareas diarias, uno de los monjes, apartándose de los demás, se convulsionaba en una esquina del huerto. El maestro prometió tener en breve una conversación con el joven monje.

A la mañana siguiente, el discípulo no estaba en el grupo de quienes acudieron a desyerbar el jardín, y el hermano hortelano, algo inquieto, le preguntó al maestro por él.

Entonces Lou-Sin, en tono de confidencia, dijo: Aunque me gusta la música, yo tampoco sé bailar, y él ofreció ir al pueblo a buscar alguien para que nos enseñe.

Luego el maestro se alejó, silbando y convulsionándose, hacia una esquina del huerto.

Categories
Corriente Disculpitas

Música porque sí

Hace algunos días, Lou-Sin festejó calladamente su aparición en este plano de la existencia. Y digo calladamente no sólo porque así es él, sino porque se nos olvidó que había asomado en cierta esquina (¿o era un rincón?) de blogolandia antes de presentarse oficialmente acá en la pocilga.

Cuando el personal amenazaba con las tradicionales mañanitas, el maestro pidió que mejor le pusieran esta canción. Quizás porque ya nos ha oído cantar.

Joe Cocker: The Simple Things

 

 

 

Categories
Corriente Happy-Happy

Escondidas

Los discípulos le pidieron al maestro una reflexión sobre la felicidad, con la súplica de que no fuera un deseo, sino una certeza para acompañarlos a lo largo de la vida.

Lou-Sin pensó un momento, y antes de retirarse dijo:

Lo más importante para ser feliz no es buscar la felicidad, sino reconocerla.

Categories
Corriente

Asueto

muso_soseki_3_wikimediacommonsUn exitoso comerciante del pueblo invitó a los monjes a pasar el día junto a un lago cercano, y envió como guías y escolta a sus dos hijos, casi adolescentes, mientras él terminaba sus quehaceres.

Más tarde, el anfitrión encontró a varios monjes braceando en reñida competencia con el mayor de sus hijos; los demás, sin dejar de vitorear a los nadadores, reían alrededor de Lou-Sin, quien trazaba figuras en la arena de la orilla aconsejado por otro niño.

Al ver llegar a su padre, los niños callaron de pronto, con los ojos brillantes, luchando por contenerse.

Los monjes saludaron a su anfitrión, que balbuceaba una disculpa cuando Lou-Sin dijo:

Gracias por esto; el juego y la diversión también requieren buenos maestros.