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La hojarasca

Tengo una caja donde deposito libros “de salida”.

Las razones para dejar allí un ejemplar son muchas: desde haber adquirido una nueva/mejor edición, hasta considerar, objetiva pero subjetivamente, que aquel libro no es tan bueno como para permanecer en mi biblioteca, o para merecer una eventual relectura.

Old book bindings -by Tom Murphy VII at Wikimedia Commons- (GNU)También está la consideración práctica de que siempre hace falta lugar para poner los nuevos libros que compro o recibo… y que exigen más espacio que el disponible en mi cabecera o junto a la silla de lectura.

Más o menos un día al mes hago recuento (con personal y chancha glotonería) de las lecturas pendientes, las terminadas y las nuevas adquisiciones. Así llega el momento de la ofrenda a las musas, a los dioses del ocio o como quieran llamarlo.

Mi compromiso es tomar entonces al menos un libro de la biblioteca y ponerlo en la caja. A veces puede ser el que acabo de terminar; a veces, al hacer espacio encuentro algún candidato. El reto de este año es que la caja reciba tantos libros como mi lista de lecturas, más para darme una idea del ritmo de sustitución que para cumplir una meta de desalojo.

Hace un par de años creía que esa caja de salida no era más que un limbo para libros a la espera del complicado proceso de trueque en la librería de viejo, o una estación en el camino a la biblioteca pública. Luego descubrí que las librerías de viejo son quisquillosas y avarientas, y que las bibliotecas públicas simplemente arrumban los libros por meses (y hasta años) antes de ponerlos a disposición de los lectores.

La mayor sorpresa fue darme cuenta de que no falta quienes aprovechen la caja: la familia, los amigos y hasta algunos visitantes ocasionales, al enterarse del propósito de la caja, no han tenido reparos en “adoptar” un libro. Como muchas veces ellos mismos -en los cumpleaños u ocasiones similares- contribuyen al crecimiento de mi biblioteca, me parece que la caja de salida cierra el ciclo de un modo provechoso, ecológico y lleno del respeto que las musas merecen.

By Ivanius

Intérprete de sueños, devoto de las palabras, adicto a la imaginación. Lector irredento y escribidor repentino. Ciudadano y no me canso.

9 replies on “La hojarasca”

Yo quisiera que mi ventana diera a la caja de libros,así nadamás estiraría la mano y elegiría el que más me gustara.

Ay¡ quiero vivir cerca de donde vives,por lo menos te visitaría tres veces a la semana para llevarme unos cuantos libros,claro¡ te los regresaría.

Ash¡ quiero vivir cerca de ti.

¡Qué generosidad! Cuando crezca quiero ser como tú.
Seguramente te estaré llamando para saber qué títulos son los que andan peleándose por salir. Algún día espero tener tremenda cantidad de libros que pueda hacer lo mismo que tú haces 😉 Gracias. Saludos

Me hace gracia la caja, Ivanius. Y me parece muy buena idea. Debería tomarlo como recomendación en vez de pensar en paredes disponibles y libreros futuros. A últimas fechas me ha dado por leer lecturas antiguas de las que no me acordaba que había leído, y francamente, me parece maravilloso encontrar de nuevo los libros ahí. Soy una sentimental… un fuerte abrazo de acá.

Alguna vez Seinfield… si, el comediante, (así de mundana soy a veces), dijo que los lectores guardábamos los libros como trofeos, y se preguntaba si no era suficiente con leerlos y quedrase con ellos en la cabeza (o en el alma, asegún); creo que la caja es la pruba fiel de como tú te quedas con lo que lees incorporado en tu chancho ser… sin necesidad de acaparar codiciosamente las letras que hibernan en los libros leídos… por cierto… tienes el deeeee…

Malquerida: Lo interesante de la caja es que los libros que están en ella no se prestan, sino que están allí para cambiar de dueño. Tú ya vives cerca: estás en la granja.
Lau: La caja no es mía, las musas me la prestaron.
Mr7w7: You’re on, pal. Thanks in advance.
Tessy: No se necesita tener muchos libros para ser generosa, sino desprendimiento. O sea que ya.
Paloma: Bienvenida a la cofradía; ponga su caja ya.
Mara: La caja también es un modo de hallar algo para regalar en vez de prestar, pues ya se sabe…

Muy buena idea! Pero no creo que la llegue a adoptar nunca aunque se que una de esas cajas-limbicas me seria muy necesaria. Para regalar un libro lo compro aunque tenga dos ejemplares en casa… soy incorregible con eso…
He intentado varias veces hacerme la desapegada… Resultado: 7 cajas de libros me han seguido desde Mexico…
Saludos!

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