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Corriente

Siendo así

Yo quería pasar desapercibido, pero no me dejaban. A veces era uno el que me arrancaba los lentes, otro escondía el portafolios, uno más allá se robaba mis cuadernos y útiles. Al llegar el profesor de turno, calma chicha y nadie vio nada.

Por eso la adolescencia me llegó como bendición: antes flaco y enano, ahora macizo y grandote. Así, en un solo curso recobré lo que seis años de humillaciones me arrebataron, incluidos unos lápices de colores nuevecitos, aunque nunca me ha gustado dibujar, ni sé hacerlo especialmente bien.

Ahora voy al gimnasio todas las tardes, y en la mañana me dedico a los golpes. Ya entendí que, si lo hago con cuidado, nadie hablará cuando llegue el profesor a preguntar quién es el bravucón.

Relato escondido el 25 de agosto de 2011 entre los comentarios del blog Las historias, de Alberto Chimal, y rescatado hoy para la pocilga, porque sí.

 

By Ivanius

Intérprete de sueños, devoto de las palabras, adicto a la imaginación. Lector irredento y escribidor repentino. Ciudadano y no me canso.

3 replies on “Siendo así”

En la secundaria fue cuando tuve un encontronazo que no olvidaré nunca. Una compañera me lanzó una serie de improperios que asustaría al más lépero. En el momento en que decidí contestarle recibí un baño de saliva de lo más asqueroso; todavía me acuerdo de aquel olor nauseabundo, aghhh.

Tessy: Afortunadamente existe el jabón líquido, con aromas bastante más agradables.

Malquerida: La adolescencia pone a prueba los límites descubiertos. Después se aprende que eso también permite ampliar los horizontes.

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