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AVISO PARROQUIAL:

Hay mucho, mucho qué contar en el tintero. Aunque a veces parezca que no, en el lado técnico (por ejemplo) se pueden interponer, digamos, unas notas discordantes. Pero con un poco de buen humor, la ayuda de unos cuantos buenos amigos y una batuta es posible reacomodar las cosas para que el (des)concierto llegue hasta el aplauso.

Poco a poco, la orquesta encuentra su sitio. Tal vez, sólo tal vez, el director también lo logre.

Parafraseando lo dicho hace ya algunos ayeres: pásenle pues, que la pocilga está reabierta. Y to whom it may concern, ¡seguimos adelante!

480px-Patrick_Rothfuss_CC_by-Alvintrusty-WikimediaCommons

" I can support a lot of things in the pursuit of art, but I'm not a fan of actively occluding the story." -- Patrick Rothfuss, autor de El nombre del viento y El temor de un hombre sabio, en una reseña en Goodreads.

 

 

En un mundo donde los zombies y el insomnio están de moda, el mullido territorio de un colchón puede no ser noticia, pero sí refugio y algo más.

EyL3aLes invito a visitar, puertas adentro, un dormitorio en mi turno de marzo en el colectivo Escribidores y Literaturos.

Campo de sueños, o las tribulaciones de alguien que ya no lee en la cama.

AVISO PARROQUIAL

No estaba muerto, ni era tanta la parranda. Es decir: estamos de vuelta; no apaguen la luz. Gracias.

 

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En una casa siempre hay cosas que arreglar, desde la ropa de los chicos hasta los zapatos de los mayores, aunque casi nunca alcanza el tiempo.

Así iba --decía Nana-- el cuento del zapatero.

Aquel hombre tenía poco, en una casa pequeñita, pero muy ordenada. Como su espacio de trabajo también era pequeño, sólo podía hacer un par de buenos zapatos a la vez, y aunque era calzado de calidad, no le rendía el beneficio suficiente.

Cada uno de nosotros, como aquel señor, tiene una tarea de la cual ocuparse a pesar de que no rinde cuanto queremos: unos deben ir a la escuela y estudiar cuando querrían jugar; a otros les toca trabajar para comprar ropa y comida; alguien, en fin, debe preparar lo que comemos. Desde luego, también hace falta que la ropa esté limpia, el suelo barrido y cada cosa en su sitio. Es mucho trabajo, y a veces dejamos las cosas en desorden.

Una tarde, el zapatero preparó su material --cuero, clavos y pegamento-- para armar los zapatos, pero decidió dejarlo hasta el día siguiente, pues estaba muy cansado, y se fue a dormir.

Ya reanimado por una noche de sueño, decidió levantarse temprano... y encontró un par de zapatos flamantes, listos para la venta.

Algunos de los mayores conocíamos esa historia, pero sabíamos que nadie la contaba como Nana.

El zapatero rara vez tenía tiempo para acabar su trabajo, pero no por falta de habilidades o por ser desordenado. Pocos lugares en el pueblo había tan frecuentados como el taller del zapatero, pues era buen conversador, y para todos tenía palabras de aliento o una sonrisa.

Uno de los vecinos fue causa del retraso, pues acudió, como muchos, al zapatero en busca de consejo. Por eso, en agradecimiento, llamó a todos los amigos y juntos concluyeron el trabajo que tantas veces vieran hacer.

Claro que el zapatero no lo sabía, y en cuanto pudo contó a sus vecinos que seguramente los duendes u otros seres mágicos lo habían visitado.

Fiel a su estilo, en lugar de contar simplemente un cuento, Nana decidió enseñarnos a utilizar nuestra propia magia, y así fue como descubrimos a los duendes y los invocamos desde entonces: convirtiéndonos en ellos.

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Lou-Sin trabajaba en una esquina soleada del patio del monasterio, rodeado de pájaros que entonaban incesantes batallas y juegos con sus trinos.

En su cuenco de madera, el maestro puso un poco de musgo y otras hierbas. Después lo depositó en un hueco alto del viejo castaño y se retiró sonriendo.

Uno de los discípulos, que lo había visto todo desde lejos, preguntó: Maestro, ¿acaso las aves no tienen sus propios nidos?

Entonces Lou-Sin le contestó: Alguna encontrará ese como una sorpresa, y sabrá compartirlo.

9

Esta vez toca presentar en Escribidores y Literaturos a una invitada que vuela con las palabras por esquinas y rincones de la interné y otros barrios.

Donde el corazón vaya, por Paloma Zubieta López. Miradas con (e)fecto.

AVISO PARROQUIAL: Si se preguntan por qué el chiquero parece distinto, no hay respuesta... aún. Desde hace mucho tiempo. O mejor cambiamos la pregunta.

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La noche cuando llegaron los no-muertos, Marlin Ducruot no les dio importancia.

En aquella velada, su pequeño Bistro (capacidad: veintiséis comensales) sería reconocido con una estrella en la guía Michelin. Todo debía ser perfecto. Por eso le extrañó encontrar en la cocina sólo a Lolek, el sous-chef, con la mirada extraviada y más monosilábico, torpe y pálido que de costumbre.

Nadie más del personal se había presentado, pero Monsieur Ducruot estaba decidido a servir él mismo si fuera necesario. Su única obsesión era lograr el aplauso con un platillo principal inolvidable.

Fue mientras daba los últimos toques a su atuendo de trabajo cuando Lolek intentó sorprenderlo con una dentellada a la garganta. El chef enfureció... y, según los detectives, también contrajo el virus zombie, justo cuando el comedor se hallaba repleto.

La orgía de sangre que siguió fue indescriptible, aunque parece ser que Ducruot conservó, incluso en la locura, su motivación profesional.

Dentro del cráneo vacío del inspector de la guía Michelin, el forense encontró dos dedos del sous-chef y una sustancia blanca y agusanada: casu marzu, legendario queso de Cerdeña que hizo por fin famoso a Marlin Ducruot, autor de un memorable banquete de ultratumba.

20

bannerverticalSi parecía que andábamos de vacaciones, no era tan cierto. Hoy es Lunes, reaparición de Ivanius en Escribidores y Literaturos.

Decir verdad. Enseñe a pensar a sus hijos, pero no demasiado.

OH, SÍ. AVISOS PARROQUIALES.

UNO: Hace mucho, mucho tiempo, en esta pocilga comenzó un cuento. O una cuenta. En el próximo post, el metro llega a Tláhuac. Digo, la pocilga alcanza su bicentenario.

DOS: ¿Cuándo? A más tardar lo antes posible, como dicen los que le causan migrañas a Cervantes. Haga su reservación, sivuplé. Ps'esque luego no alcanzan los tacos. Con champaña, o con champurrado... para no errarle. Estéi tuned.

EDIT ALBERTO:

Así es mi querido hermano marrano, que el duechento nos ha alcanzado.
Y no sé ustedes, pero parece que agosto nos agarra como en curva.

Postes van, postes vienen, comentantes que hacen lo propio; aniversarios, cumpleaños, renuncias irrevocables y otras no tanto. Lo cierto es que en este gran vecindario no hay nada escrito -vaya ironía chingá-.

Pronto, la RCP anunciada desde hace mil años a una aventurilla chanchesca y las consabidas ardiciones que trae como dijera alguien "este oficio" globero.
Sin alusiones, ¿oquei?

Acá seguimos.

Otro Edit más: Vean ustedes que esto sí es serio.
Solamente tenemos los mismos 199 postes en el horno. Y es que hasta hoy en la tarde no había mucho en claro.

Vea usted. No es que nos demos a desearrr.
Vea usted. No es que nos demos a desearrr.