Skip to content

Dedicado a todos los que narran o inventan.
Y a todos los que escuchan.

« —¿De dónde sacó la historia que me contó la última vez? —me preguntó finalmente—. ¿de algún libro?

—Sí —le contesté, tristemente—. Los historiadores la enterraron allí, desde que murió, no hace mucho. Apenas hace un siglo aún vivía, despreocupadamente, por cierto, en muchos labios. Pero las palabras que ahora emplea la gente, esas palabras pesadas que no pueden cantarse, eran sus enemigas, y la fueron quitando de todas las bocas, de manera que al final vivió muy solitaria y pobre en un par de labios secos, como en una menguada pensión de viuda. Y allí murió, sin dejar herederos, y fue enterrada, como ya dije, con todos los honores, en un libro, donde yacían otros miembros de su familia.

Rilke por Paula Modersohn-Becker (Wikimedia Commons)—¿Y era muy vieja cuando murió? —preguntó mi amigo, fascinado por mi ficción.

—Tenía cuatrocientos o quinientos años —le informé, de acuerdo con la verdad—. Muchos de sus parientes alcanzaron una edad más avanzada aún.

—¿De veras? ¿sin haber descansado nunca en un libro? —preguntó Ewald, sorprendido.

—Por lo que yo sé —le dije—,viajaron siempre de una boca a otra.

—¿Y no dormían nunca?

—¡Oh, sí! Abandonando los labios de un cantor podían, de vez en cuando, morar en algún corazón, donde encontraban calor y oscuridad.

—Pero la gente vivía de una manera tan tranquila que las canciones podían vivir en sus corazones? —preguntó Ewald, incrédulo.

—Así debía ser. Dícese que hablaban menos, bailaban danzas cuyo ritmo creciente apaciguaban con su balanceo, y, por encima de todo, no reían, como suelen hacerlo hoy día, estrepitosamente, a pesar del general progreso de nuestra civilización.»

Rainer Maria Rilke (1875-1926), Cómo el viejo Timoféi murió cantando.

6

«El hogar es el centro de la libertad. Más aún, es el único centro de anarquía. Es el único punto del planeta cuyo arreglo el hombre puede alterar súbitamente, donde puede hacer experimentos o permitirse un capricho.

g_k_chesterton_270wikimediacommonsEn todo lugar adonde vaya, debe atenerse a las normas estrictas de la tienda, la taberna, el club o el museo. En su propia casa podrá, si le da la gana, comer sus comidas en el suelo. Yo mismo lo suelo hacer y ello produce una infantil y poética impresión de excursión. Provocaría considerable trastorno si trata de hacerlo en una confitería.

Para el hombre común y de trabajo, no es el único lugar tranquilo en un mundo de aventuras. Es el único lugar salvaje en un mundo de reglamentos y de tareas. El hogar es el único lugar donde se puede poner la alfombra en el techo y las tejas en el suelo.

Cuando un hombre se pasa la noche tambaleándose de bar en bar decimos que lleva una vida irregular. Pero no es así: lleva una vida altamente regular, bajo las reglas monótonas y a veces opresivas de esos lugares. A veces no se le permite sentarse en los mostradores del bar y a menudo no se le autoriza a cantar en el cabaret.

Puede definirse a los hoteles de lujo como lugares donde se obliga a uno a vestirse de etiqueta y los teatros como lugares donde se prohibe fumar. Uno solamente puede retozar en su casa, pequeña omnipotencia humana, cámara de la libertad».
G.K. Chesterton, en Lo que está mal en el mundo (1952, Janés Editor).

Content Protected Using Blog Protector By: PcDrome.