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“A veces, durante nuestro agitado viaje en la vida, encontramos
pequeños oasis de felicidad casi perfecta, engarzados como
joyas en la espinosa aridez del tiempo. Algunas veces se trata de
horas de satisfacción meramente animal. En otros casos, estas
horas se engalanan con las aguas cristalinas que brotan del
espíritu, como ocurre en esas raras ocasiones en que una mano
poderosa parece descorrer el velo de lo material, y entonces
sentimos la reconfortante presencia de Dios con nosotros y en
nosotros, que guía nuestros pasos hacia el fin inefable que es Él.
Empero, muy rara vez se unen todos éstos, la satisfacción física y
el amor divino y humano, en uno solo, como el cuerpo y el alma,
haciéndonos exclamar: Ahora sé lo que es el gozo”.
H.R. Haggard, Marie (p. 137, Project Gutenberg. Traducción libre)

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Se me hace que los más sucios son los que se bañan diario. Por
eso dejo la limpieza como parte de la secreta fama, como el
placer culpable de este que les habla. Porque no vine aquí para
gloriarme de la mugre sino para ser como me dé la gana. Y si eso
se llama suciedad pues ni remedio.

En otras coordenadas, aprovecho el regreso a la realidad
cotidiana para compartirles una lista de placeres fugaces, sin
orden establecido:

- Un beso inesperado

- La última página de un libro

- Dos minutos de cosquillas

- La risa cómplice después de un chiste local

- El reencuentro de amig@s después de mucho tiempo

- Descubrir, inesperadamente, el regalo perfecto entre un
montón de artículos irrelevantes

- Dormirse "de muertito" flotando en un océano turquesa

- Una anforita de ron en el momento preciso, aunque no seas
John Silver

- Despertar riendo a carcajadas

- En la mirada, el horizonte; en la mente, un verso; a la mano,
una musa; en la mesa, una copa de vino y el papel para hacer
inmortales los recuerdos.

¡Seguimos adelante!

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