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Ya bien entrados en el segundo mes de esta pocilga, quiero lanzar al ciberespacio un invitatorio para compartir uno de los placeres (clasificación A) más fructíferos: la lectura.

La idea es poner cinco libros que conozcas y que merezcan ser compartidos, pero no se trata de tomar libros al azar, sino de ayudar a construir una lista valiosa para la biblioteca personal.

He aquí mi lista:

a) Vida y aventuras de Santa Claus, de L. Frank Baum (el autor de El Mago de Oz)
b) El libro de las Tierras Vírgenes (o Libro de la Selva), de Rudyard Kipling
c) Don Camilo, de Giovanni Guareschi
d) Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre
e) Amor se escribe sin hache, de Enrique Jardiel Poncela.

Para ponerle algo de interés, propongo algunas condiciones:

1. Todos los libros que propongas deben ser descubrimientos voluntarios, es decir, no cuentan los que hayas leído como parte de tus estudios.

2. Uno de estos libros debe ser para niños o adolescentes, y uno de ellos de algún autor de tu país.

3. Finalmente, la característica más importante: deben ser libros que se antoje releer.

Ahora le paso el no-meme a Alberto, cofundador de ChanchoPensante, a Eduardo Llaguno, gurú de SesoLibre, al amigo Won-Tolla (lo lamento, ya te gané uno de tu lista) y a todo aquel que quiera seguirlo. Incluyo al Liccarpilago y a Lemdel que ya se apuntaron. Cuando las respuestas vayan apareciendo, publicaré un post con la lista de libros.

Actualización: poco a poco llegan las respuestas, algo que me da más gusto que recibir meme-enlaces. Por eso rebauticé este como un no-meme. Otra "originalidad" de esta su pocilga.

 Actualización2: Conseguir los libros recomendados es (sorpresivamente) una tarea difícil. Y como parece ser que no le han hecho mucho caso a la regla del libro descargable (ni era tan importante), la elimino.

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«El hogar es el centro de la libertad. Más aún, es el único centro de anarquía. Es el único punto del planeta cuyo arreglo el hombre puede alterar súbitamente, donde puede hacer experimentos o permitirse un capricho.

g_k_chesterton_270wikimediacommonsEn todo lugar adonde vaya, debe atenerse a las normas estrictas de la tienda, la taberna, el club o el museo. En su propia casa podrá, si le da la gana, comer sus comidas en el suelo. Yo mismo lo suelo hacer y ello produce una infantil y poética impresión de excursión. Provocaría considerable trastorno si trata de hacerlo en una confitería.

Para el hombre común y de trabajo, no es el único lugar tranquilo en un mundo de aventuras. Es el único lugar salvaje en un mundo de reglamentos y de tareas. El hogar es el único lugar donde se puede poner la alfombra en el techo y las tejas en el suelo.

Cuando un hombre se pasa la noche tambaleándose de bar en bar decimos que lleva una vida irregular. Pero no es así: lleva una vida altamente regular, bajo las reglas monótonas y a veces opresivas de esos lugares. A veces no se le permite sentarse en los mostradores del bar y a menudo no se le autoriza a cantar en el cabaret.

Puede definirse a los hoteles de lujo como lugares donde se obliga a uno a vestirse de etiqueta y los teatros como lugares donde se prohibe fumar. Uno solamente puede retozar en su casa, pequeña omnipotencia humana, cámara de la libertad».
G.K. Chesterton, en Lo que está mal en el mundo (1952, Janés Editor).

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Los primeros instantes del día (es decir, cuando despierto) son para mí una maraña de confusiones y semi-sonambulismo. Pero también están entre los momentos más extrañamente creativos.

En los minutos que transcurren entre el sonido del despertador y el momento en que A FUERZAS tengo que levantarme, han aparecido, por ejemplo: las penumbrosas palabras de muchos de mis escritos, algunos gozosos sueños repetitivos (al grado de levantarme entre carcajadas), e incluso (como manda el cliché) la solución de algún problema que el día anterior le encargué a la almohada.un cafecito -- imagen tomada de Wikimedia (GPL)

Por supuesto, esto sería genial y maravilloso... si pudiera controlarlo a voluntad. La mayoría de las veces, sólo es posible descender a la normalidad con un café, preferiblemente caliente, y cien por ciento cafeinado.
Mientras encuentro la manera de domesticar "Pavlovianamente" la creatividad, no he encontrado nada mejor para alinear las neuronas.

Qué decir de los ocasionales y no tan ocasionales desvelos maratónicos, por trabajo o por otras causas más, digámoslo así, pedestres. En esas ocasiones, el café sigue siendo la bebida energética por excelencia, una que además es fácil de conseguir donde quiera, en todo tipo de variedades, desde el más exótico (y costoso) café gourmet hasta el humilde y eficaz instantáneo.

Elíxir maldito, hidromiel oscuro, aromático brebaje. Que viva el café.

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El divertido artículo de Alberto sobre lo que es un blog me anima a sacar la nariz de la pocilga para opinar al respecto.

Hay blogueros que se toman muy en serio su espacio gracias a Adsense (no me pregunten qué es eso) y otras herramientas técnicas, que les dan, según esto, dinero u otros beneficios. Por eso sólo hacen "intercambio de enlaces" con otros blogs que tienen características que les convengan (por ejemplo tema y popularidad, que en lenguaje bloguero se conocen como "Contenido" y PageRank).

Esto significa, hablando en chancho: "no te pongo en mi lista porque no eres de los míos". De que los hay, los hay. Y qué bueno: en Internet, el blog de cada quien es su casa, faltaba más.

Otros blogueros, en uso de su soberana libertad, ponen en "su lista" las curiosidades o descubrimientos gratos o ingratos de su vagancia internáutica. En estos casos, los enlaces se ponen por antojo o criterio personal, no por obligación, aunque pueda parecer a veces una competencia de... elogios, como bien dijo Mr. Wolf.

El Alberto es precisamente de estos últimos. Es más, creo que pocos de los blogueros enlazados en su "lista" han puesto una liga recíproca, eso cuando han querido darse por enterados.

Pero en esta pocilga eso no importa; aquí no hay enlaces pagados. Ni le invitamos a visitarlos al que no quiera. Allí estarán, eso sí. Pero luego no vengan a decir que no les caen bien, porque a mí qué. Con todo respeto.

Total, hay vida fuera de la Internet... ¿o no?

Actualización: Para mayor evidencia de lo aquí dicho, vean nomás los comentarios a este mismo artículo.

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“A veces, durante nuestro agitado viaje en la vida, encontramos
pequeños oasis de felicidad casi perfecta, engarzados como
joyas en la espinosa aridez del tiempo. Algunas veces se trata de
horas de satisfacción meramente animal. En otros casos, estas
horas se engalanan con las aguas cristalinas que brotan del
espíritu, como ocurre en esas raras ocasiones en que una mano
poderosa parece descorrer el velo de lo material, y entonces
sentimos la reconfortante presencia de Dios con nosotros y en
nosotros, que guía nuestros pasos hacia el fin inefable que es Él.
Empero, muy rara vez se unen todos éstos, la satisfacción física y
el amor divino y humano, en uno solo, como el cuerpo y el alma,
haciéndonos exclamar: Ahora sé lo que es el gozo”.
H.R. Haggard, Marie (p. 137, Project Gutenberg. Traducción libre)

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Se me hace que los más sucios son los que se bañan diario. Por
eso dejo la limpieza como parte de la secreta fama, como el
placer culpable de este que les habla. Porque no vine aquí para
gloriarme de la mugre sino para ser como me dé la gana. Y si eso
se llama suciedad pues ni remedio.

En otras coordenadas, aprovecho el regreso a la realidad
cotidiana para compartirles una lista de placeres fugaces, sin
orden establecido:

- Un beso inesperado

- La última página de un libro

- Dos minutos de cosquillas

- La risa cómplice después de un chiste local

- El reencuentro de amig@s después de mucho tiempo

- Descubrir, inesperadamente, el regalo perfecto entre un
montón de artículos irrelevantes

- Dormirse "de muertito" flotando en un océano turquesa

- Una anforita de ron en el momento preciso, aunque no seas
John Silver

- Despertar riendo a carcajadas

- En la mirada, el horizonte; en la mente, un verso; a la mano,
una musa; en la mesa, una copa de vino y el papel para hacer
inmortales los recuerdos.

¡Seguimos adelante!