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Alguna vez me preguntaba qué es primero: la imagen o la palabra. Eso ha sido siempre un sabroso tema de discusión con amigos y no tan amigos: el eterno dilema (casi) del huevo y la gallina en el tema de la creatividad.

Hoy encontré un cortometraje que ilustra al menos un aspecto de eso en la página de Coudal Partners, un despacho de diseño de Chicago. El trabajo (en inglés y sin subtítulos) se llama "Copy Goes Here", y vale la pena, especialmente para los que se dedican a la escritura, el diseño, la publicidad o similares. Cualquier semejanza es discutible. Pasen a verlo. Aquí espero sus comentarios.

Dedicado a todos los que narran o inventan.
Y a todos los que escuchan.

« —¿De dónde sacó la historia que me contó la última vez? —me preguntó finalmente—. ¿de algún libro?

—Sí —le contesté, tristemente—. Los historiadores la enterraron allí, desde que murió, no hace mucho. Apenas hace un siglo aún vivía, despreocupadamente, por cierto, en muchos labios. Pero las palabras que ahora emplea la gente, esas palabras pesadas que no pueden cantarse, eran sus enemigas, y la fueron quitando de todas las bocas, de manera que al final vivió muy solitaria y pobre en un par de labios secos, como en una menguada pensión de viuda. Y allí murió, sin dejar herederos, y fue enterrada, como ya dije, con todos los honores, en un libro, donde yacían otros miembros de su familia.

Rilke por Paula Modersohn-Becker (Wikimedia Commons)—¿Y era muy vieja cuando murió? —preguntó mi amigo, fascinado por mi ficción.

—Tenía cuatrocientos o quinientos años —le informé, de acuerdo con la verdad—. Muchos de sus parientes alcanzaron una edad más avanzada aún.

—¿De veras? ¿sin haber descansado nunca en un libro? —preguntó Ewald, sorprendido.

—Por lo que yo sé —le dije—,viajaron siempre de una boca a otra.

—¿Y no dormían nunca?

—¡Oh, sí! Abandonando los labios de un cantor podían, de vez en cuando, morar en algún corazón, donde encontraban calor y oscuridad.

—Pero la gente vivía de una manera tan tranquila que las canciones podían vivir en sus corazones? —preguntó Ewald, incrédulo.

—Así debía ser. Dícese que hablaban menos, bailaban danzas cuyo ritmo creciente apaciguaban con su balanceo, y, por encima de todo, no reían, como suelen hacerlo hoy día, estrepitosamente, a pesar del general progreso de nuestra civilización.»

Rainer Maria Rilke (1875-1926), Cómo el viejo Timoféi murió cantando.

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Cierto libro aún me pertenece. Pero mi posesión es entrecortada: a veces una escena, otras veces un personaje. De vez en cuando, al hojear otras lecturas, me asalta una sensación casi "dejavú", porque me parece haber leído antes algo parecido. Tal vez sea cierto; quizás todos los libros son recuerdos de otros, o degustaciones de lecturas por venir. Old book bindings -by Tom Murphy VII at Wikimedia Commons- (GNU)

Con esto quiero decir que los libros acompañan, más allá de la última página. De pronto surgen ocasiones que disparan la memoria: es entonces cuando, en homenaje a esas páginas fugaces, me sirvo de mis recuerdos para aderezar alguna conversación, al calor de la compañía precisa y el brebaje predilecto.

Lo mejor es la sonrisa que surge cuando, inadvertidamente, me descubro pensando en el siguiente libro, en la próxima línea, en el recuerdo inminente...

Toda mente atesora, en instantes vitales, su propia biblioteca de Babel. (Homenaje al libro tras una lectura en el blog de Lemdel)

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Ya bien entrados en el segundo mes de esta pocilga, quiero lanzar al ciberespacio un invitatorio para compartir uno de los placeres (clasificación A) más fructíferos: la lectura.

La idea es poner cinco libros que conozcas y que merezcan ser compartidos, pero no se trata de tomar libros al azar, sino de ayudar a construir una lista valiosa para la biblioteca personal.

He aquí mi lista:

a) Vida y aventuras de Santa Claus, de L. Frank Baum (el autor de El Mago de Oz)
b) El libro de las Tierras Vírgenes (o Libro de la Selva), de Rudyard Kipling
c) Don Camilo, de Giovanni Guareschi
d) Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre
e) Amor se escribe sin hache, de Enrique Jardiel Poncela.

Para ponerle algo de interés, propongo algunas condiciones:

1. Todos los libros que propongas deben ser descubrimientos voluntarios, es decir, no cuentan los que hayas leído como parte de tus estudios.

2. Uno de estos libros debe ser para niños o adolescentes, y uno de ellos de algún autor de tu país.

3. Finalmente, la característica más importante: deben ser libros que se antoje releer.

Ahora le paso el no-meme a Alberto, cofundador de ChanchoPensante, a Eduardo Llaguno, gurú de SesoLibre, al amigo Won-Tolla (lo lamento, ya te gané uno de tu lista) y a todo aquel que quiera seguirlo. Incluyo al Liccarpilago y a Lemdel que ya se apuntaron. Cuando las respuestas vayan apareciendo, publicaré un post con la lista de libros.

Actualización: poco a poco llegan las respuestas, algo que me da más gusto que recibir meme-enlaces. Por eso rebauticé este como un no-meme. Otra "originalidad" de esta su pocilga.

 Actualización2: Conseguir los libros recomendados es (sorpresivamente) una tarea difícil. Y como parece ser que no le han hecho mucho caso a la regla del libro descargable (ni era tan importante), la elimino.

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«El hogar es el centro de la libertad. Más aún, es el único centro de anarquía. Es el único punto del planeta cuyo arreglo el hombre puede alterar súbitamente, donde puede hacer experimentos o permitirse un capricho.

g_k_chesterton_270wikimediacommonsEn todo lugar adonde vaya, debe atenerse a las normas estrictas de la tienda, la taberna, el club o el museo. En su propia casa podrá, si le da la gana, comer sus comidas en el suelo. Yo mismo lo suelo hacer y ello produce una infantil y poética impresión de excursión. Provocaría considerable trastorno si trata de hacerlo en una confitería.

Para el hombre común y de trabajo, no es el único lugar tranquilo en un mundo de aventuras. Es el único lugar salvaje en un mundo de reglamentos y de tareas. El hogar es el único lugar donde se puede poner la alfombra en el techo y las tejas en el suelo.

Cuando un hombre se pasa la noche tambaleándose de bar en bar decimos que lleva una vida irregular. Pero no es así: lleva una vida altamente regular, bajo las reglas monótonas y a veces opresivas de esos lugares. A veces no se le permite sentarse en los mostradores del bar y a menudo no se le autoriza a cantar en el cabaret.

Puede definirse a los hoteles de lujo como lugares donde se obliga a uno a vestirse de etiqueta y los teatros como lugares donde se prohibe fumar. Uno solamente puede retozar en su casa, pequeña omnipotencia humana, cámara de la libertad».
G.K. Chesterton, en Lo que está mal en el mundo (1952, Janés Editor).

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Los primeros instantes del día (es decir, cuando despierto) son para mí una maraña de confusiones y semi-sonambulismo. Pero también están entre los momentos más extrañamente creativos.

En los minutos que transcurren entre el sonido del despertador y el momento en que A FUERZAS tengo que levantarme, han aparecido, por ejemplo: las penumbrosas palabras de muchos de mis escritos, algunos gozosos sueños repetitivos (al grado de levantarme entre carcajadas), e incluso (como manda el cliché) la solución de algún problema que el día anterior le encargué a la almohada.un cafecito -- imagen tomada de Wikimedia (GPL)

Por supuesto, esto sería genial y maravilloso... si pudiera controlarlo a voluntad. La mayoría de las veces, sólo es posible descender a la normalidad con un café, preferiblemente caliente, y cien por ciento cafeinado.
Mientras encuentro la manera de domesticar "Pavlovianamente" la creatividad, no he encontrado nada mejor para alinear las neuronas.

Qué decir de los ocasionales y no tan ocasionales desvelos maratónicos, por trabajo o por otras causas más, digámoslo así, pedestres. En esas ocasiones, el café sigue siendo la bebida energética por excelencia, una que además es fácil de conseguir donde quiera, en todo tipo de variedades, desde el más exótico (y costoso) café gourmet hasta el humilde y eficaz instantáneo.

Elíxir maldito, hidromiel oscuro, aromático brebaje. Que viva el café.

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El divertido artículo de Alberto sobre lo que es un blog me anima a sacar la nariz de la pocilga para opinar al respecto.

Hay blogueros que se toman muy en serio su espacio gracias a Adsense (no me pregunten qué es eso) y otras herramientas técnicas, que les dan, según esto, dinero u otros beneficios. Por eso sólo hacen "intercambio de enlaces" con otros blogs que tienen características que les convengan (por ejemplo tema y popularidad, que en lenguaje bloguero se conocen como "Contenido" y PageRank).

Esto significa, hablando en chancho: "no te pongo en mi lista porque no eres de los míos". De que los hay, los hay. Y qué bueno: en Internet, el blog de cada quien es su casa, faltaba más.

Otros blogueros, en uso de su soberana libertad, ponen en "su lista" las curiosidades o descubrimientos gratos o ingratos de su vagancia internáutica. En estos casos, los enlaces se ponen por antojo o criterio personal, no por obligación, aunque pueda parecer a veces una competencia de... elogios, como bien dijo Mr. Wolf.

El Alberto es precisamente de estos últimos. Es más, creo que pocos de los blogueros enlazados en su "lista" han puesto una liga recíproca, eso cuando han querido darse por enterados.

Pero en esta pocilga eso no importa; aquí no hay enlaces pagados. Ni le invitamos a visitarlos al que no quiera. Allí estarán, eso sí. Pero luego no vengan a decir que no les caen bien, porque a mí qué. Con todo respeto.

Total, hay vida fuera de la Internet... ¿o no?

Actualización: Para mayor evidencia de lo aquí dicho, vean nomás los comentarios a este mismo artículo.

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