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Corriente Happy-Happy Joy-Joy

Duendes

A media conversación creí sentir que alguien nos observaba, pero desde mi lugar sólo pude captar un borrón de movimiento.

duendes_de_papel_publicdomain_wikimediacommonsLuego descubrí que se habían escondido en la coladera, junto a la silla que me negaba a mover para no poner a prueba su firmeza. No dije nada, porque aunque mis amigos están habituados a mi locura, hago cuanto puedo para no subrayarla, o al menos lo intento.

Poco tiempo antes había terminado un libro de Cortázar, el primero que (finalmente) me animé a leer. Debe ser mi imaginación, dije. Así que pedí calma y otra copa de vino. Al levantarme, puse una pata de la silla sobre la tapa de la coladera, sólo como precaución. De pronto, por un instante sentí mareo, como si súbitamente fuera una pulgada más alto.

Los duendes querían ser parte de la fiesta. Además, algo saben de magia… tal vez el cielo sea más azul, o la comida más sabrosa, o la compañía más grata, o las travesuras más divertidas entre los humanos que en los túneles donde merodean los duendes.

Lo cierto es que, a partir de entonces, cuando empiezo a sentirme aburrido, o cansado, o harto… algo me hace voltear hacia la coladera más cercana, y todo cambia.

Una vez liberados, los duendes aprenden a contagiar la magia. Por eso estoy seguro de que la próxima vez lograré mirarlos a los ojos. No quiero ser un delator: simplemente espero devolverles la sonrisa.

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Corriente Inspiración pura

Cenizas

muso_soseki_3_wikimediacommonsAquella noche, los monjes meditaban en el patio, alrededor de unas cuantas brasas.

Uno de ellos removió las cenizas para avivar los rescoldos y encender una carga de ramas, que los otros dejaban caer poco a poco. Entre crujidos y chispas algunos se alejaron, para no incendiar sus  hábitos.

Entonces el maestro Lou-Sin sacó un malvavisco del manto, se acercó al fuego para tostarlo y dijo: La alegría, el conocimiento y el consuelo son chispas de luz. Si no se mueven, se extinguen; sin contagio, se apagan.

Uno de los aprendices le preguntó: Maestro, ¿y el malvavisco?

Lou-Sin le contestó: No tiene significado espiritual, pero sabe muy bien.  Y se lo comió con gesto pícaro.

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Corriente Inspiración pura

Caminantes

muso_soseki_3_wikimediacommonsAl atardecer, el maestro Lou-Sin y sus discípulos volvían al monasterio. Alguno tropezó en la semioscuridad; otro, extraviado, dio voces para encontrar a sus compañeros. Finalmente, todos llegaron a su destino en plena noche.

Mientras acomodaban la leña recolectada para hacer una fogata, uno de los monjes dijo: Maestro, ¿por qué no encendimos antorchas en el bosque?

Lou-Sin le respondió:

En el camino de la vida, las distracciones y las dificultades, como la oscuridad, no siempre avisan, pero siempre llegan.  Por eso es necesario confiar y pedir ayuda: aunque el camino está allí para todos, quien lo recorre por su cuenta y en silencio puede perderse, aunque tenga un poco de luz, y para quien camina en compañía, el camino es más amable aunque esté obscuro.

Lo mejor es que quienes saben guardar leña pueden compartir juntos un fuego y un calor que no harán olvidar el camino recorrido, pero seguramente  alcanzarán para toda la noche.

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Inspiración pura Marranadas Rescates

Vencimientos

muso_soseki_3_wikimediacommonsUn joven monje se acercó a Lou-Sin en busca de consejo.

Algo en el alma, en el centro de mi ser, me duele. Maestro, ¿puede sanarme el olvido?

Lou-Sin sonrió, y le dijo:

Lo que mejor te sanará son los recuerdos, porque ante el dolor nada tiene más sentido que el amor que debemos poner para vencerlo.

El debut de Lou-Sin, rescatado hoy para la pocilga, apareció originalmente como comentario “anónimo” en el blog De esquinas y rincones, el 2 de febrero de 2009. Fin del comunicado. 

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Corriente

Navegante III

beach_sandEn alguna caja encontré hace poco un trozo de foto, entre los sobres viejos de las antiguas musas.

Junto a ella, en lo que pensé que era una carta pero resultó un sobre vacío cuidadosamente doblado, leí un nombre de mujer junto al de un país que no era el mío, y encontré un mechón de cabello no tan misterioso, que me hizo sonreír primero sin malicia.

Pero me costaba trabajo recordar por qué ese fragmento de foto, donde sólo aparece un poco de arena.

¿Significa que la rompí, o que la guardé por algo? Ni idea.

Mientras intentaba pensarlo, poco a poco la escena se me presentó cuando no era imagen. Cuando estuve allí. Entonces, es verdad, nada me importaba más que esa esquina de la playa.

La arena no era blanca, sino… color arena, como dicen quienes no conocen el Caribe.

A partir de entonces sólo pude contemplar ese fragmento de recuerdos, hasta que Benedetti se entrometió en mi memoria y desperté.