Skip to content

12

...Si me recuerdas, con sólo sostener entre tus manos mis palabras podrás escucharlas también. Cuando te hable de mis visiones y encuentros, si  te importo (como dices), sentirás el olor del pasto en el rocío de la mañana y te hará estornudar.

van_eyck_003wikimediacommonsEntonces será como si estuvieras junto a mí. Me escucharás decirte que jugar con la luz se parece a perseguir un mechón de tus cabellos, siempre cerca, siempre lejos, huyendo de mis dedos que quieren asirte con esa rabia que un día me hizo mirar fijamente al sol y congeló para siempre la rebeldía en mis retinas.

Sé que tus horizontes se dilatan con los míos. Por eso escribo esta carta después de caminar todo el día; por eso me recuesto rodeado de flores, junto al arroyo que sació mi sed con una carrera de cristal que sonríe. ¿Verdad que es deliciosa el agua fresca? Bálsamo inigualable para los pies, para el alma que invoca.

Por eso, cuando llegues al final de la página, perdona el impaciente trazo de mis letras-tuyas: piensa que las manos de un rapsoda ciego no se han acostumbrado aún al punzón. Y si acaso quieres besar mi nombre, no te extrañe encontrar un poco de sal en tus labios; es sólo una lágrima de mi torpeza, de mi amor, de mi cansancio...

2

No quiero aburrirte con descripciones ociosas. Tampoco te abrumaré con el recuerdo de aventuras, conjuros, juramentos y escapatorias en medio de la noche.

Nada ha cambiado, aunque ya no quieras reconocerlo.

No te hablaré de tus recuerdos. Quiero hablar de tus olvidos, pegados al fondo de tu memoria. Esos olvidos que pelean por un lugar en tu presente, por recuperar el lugar que ahora es del auto último modelo, de ese departamento de académico exitoso, de esa tertulia forrada de indiferencia y seda, de tantos aburridos "eventos" paliativos del dolor propio y ajeno.

Yo soy, como tú, un viejo guardián disfrazado. Pero no paseo mis puntiagudos zapatos como un desafío, ni me manicuro una vez a la semana. Al contrario: me muerdo las uñas, y mis pies distinguen el suelo vivo del asfalto inerte. Me levanto con el cantar del gallo, porque me da la bienvenida; no conozco el tictajeo de la oscuridad insomne.

Me propongo devolverte la sonrisa, aflojarte los tirantes, despojarte de tu entintado orgullo, para cambiar por la brisa marina el agua embotellada de lavanda. Soy quien todos los días te espera con su primera caña de pescar, y adivino lo que pasa en tu alma.

Sé que quieres retozar en el prado de tu imaginación, y que sabes hilvanar palabras como caricias. Por eso estoy aquí, encerrado en una página, para que de una vez eches a andar como ese vagabundo, gozoso y lleno de empeño, que lucha por ser feliz.

10

Estimado destinatario:

No sé qué decirle que no suene a frase de cajón. Me piden presentar a usted, a quien no conozco, una persona que ciertamente conozco.

Si en cambio fuera usted quien me conoce, sabría preguntarme: «¿vale la pena Fulano?» a lo cual yo respondería: «¿la pena de qué?». Por eso le pedí a quien porta esta misiva que la escribiera él mismo y me la presentara para firma.

Sí, soy un hombre ocupado. Aunque no puedo decirle de Fulano algo especialmente luminoso o determinante, me gustaría hacerlo. Sería agradable, y mucho más breve, recomendar a una persona ante otra diciendo: «No sé cómo ha podido sobrevivir hasta ahora. Me atrevo a decirle que su vida será más grata y sus ingresos más considerables si decide incluir a Fulano entre los copartícipes de su nómina». O algo breve, menos agradable, aunque casi tan eficaz, y mucho más contundente: «Es mejor ganar un empleado que un enemigo». Pero si quiere frases como ésta, pídaselas a Maquiavelo.

Otra cosa más: ya sé que no le he dicho cómo se llama la persona de quien le hablo. Pero creo que, siendo los dos desconocidos entre sí, lo primero que harán será presentarse mutuamente. Entonces, usted y yo tendremos un conocido común. Le invito a tomar ese riesgo.

Atentamente,

Ivanius

Content Protected Using Blog Protector By: PcDrome.