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Chispazos Corriente Happy-Happy Joy-Joy

Leer para (no) estar solo

Tal vez fue Hemingway, o tal vez mi abuelo el que decía que quien sabe estar solo no necesita compañía para entretenerse. Seguro hablaban de un lector; aunque los escritores intenten exprimir la soledad, el lector no necesita hacerlo, porque simplemente se acomoda en ella.

Ese interruptor que se encendió una vez ante las letras y ya no tiene apagado ayuda a enfrentar las realidades circundantes (qué bonita palabra), aunque parezca que no saco las narices de la página. Leer exige pensar, y eso, aunque poco popular, descifra el entorno a golpe de neuronas y capítulos.

El encierro de la cuarentena se parece al lector sumergido en un relato. Las amenazas del exterior son pocas pero puntuales: el tono de mensaje, el cambio del día a la noche (o viceversa) y los aguijones del hambre y la sed, que se presentan solo cuando el libro pasa por una laaaarga descripción, un “momento de hueva” del traductor, o peor aún, una errata.

Pero ninguna interrupción quiebra más los nervios del leyente que la voz de aquel, o aquella, que nos interpela: “Bueno, es que te vi leyendo y por eso dije: ahora que no estás haciendo nada…“.

Ojalá fuera invento, pero quien lo ha vivido puede confirmarlo. Por eso, la soledad del lector está (casi) siempre bien acompañada.

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Chispazos Corriente Marranadas

Memoria Fábula

Mis mayores, casi todos, contaban
historias varias que en su saber tenían:
también refranes y canciones, que empleaban
para ahuyentar el tedio de los días.
Así, escuchando de Esopo y Samaniego,
de Iriarte y Lafontaine, aprendimos,
sin sentirlo, a contemplar los animales
y a la naturaleza como hermanos.

Poco a poco fue cambiando el barullo
por las tareas, el estudio y el trabajo,
pero ¡sorpresa! allí cerca, en los libros,
estaban esas y otras voces pa’ enseñarnos,
de Monterroso al Conde Lucanor, el Lazarillo o Sancho,
cuando nos tropezara la memoria
o cuando el cuerpo nos llamara a descanso.

Junto a colegas, amigos y parientes
cada quien continuó su aprendizaje;
mientras, los días se nos han vuelto años.
No diré que nos hicimos eruditos,
ni que estemos en camino de ser sabios:
lo que ignoramos aún es infinito
y está por verse qué frutos cosechamos.
Pero ¡sorpresa! en las conversaciones,
y para huirle al tedio cotidiano,
aquellos cuentos y refranes surgen
(tal parece que ahora los invocamos).

El camino es ahora un poquito más nuestro
para construirlo. ¡Sigamos trabajando!

(Este poema de Ivanius apareció en el blog colectivo Una Curiosa Aventura el 25 de octubre de 2014, y lo rescato hoy para la pocilga, porque sí. Gracias a Pelusa y a Loly por aquella memorable invitación. La imagen es “Batumi country road”, de Ephraim Stillberg, tomada de Wikimedia Commons).

 

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Chispazos

Ni rostro ni nombre

Dedicado con admiración y respeto
a todos los que saben de qué hablo,
un mes después.

Tengo manos
para levantar escombros,
para pasar el agua, jalar cuerdas,
acomodar lo que llega de otras manos,
alimentos, medicinas, ropa: ayuda
venida de muy lejos o muy cerca
y que debo acercar a su destino.

Con guantes, o empuñando una herramienta
descubro que tocar sigue siendo importante.

Tengo oídos que se afinan
a pesar de la tierra que retiembla
para pescar sonidos que rebotan,
distinguir entre un eco y un ladrido,
entre la voz de alarma y la esperanza,
entre el silencio de los muertos y los vivos.

Mis ojos deben enfocarse unos centímetros
para espigar entre miles de mensajes
qué hace falta en verdad, y qué se necesita,
dónde una torta, una gasa, un sorbo de agua,
un relevo, una croqueta, un tornillo,
y dónde sobra, y que no se desperdicie
ni se pierda por no saber cuál es su sitio.

Veo cuánto asombro provoca la grandeza
y cuánta indignación la pequeñez.

No vengo a tomarme una selfie.
Miro a los ojos, presto el hombro,
incluso doblo la espalda
como otros incontables que sí cuentan.

Aquí no hay credenciales que valgan,
ni puestos, jerarquías, generaciones o consignas:
la trinchera es una sola
para la sangre, el sudor y las lágrimas.
No hay primer protagonista; cada quien actúa
en lo que le toca hacer, y aprendemos del silencio
a levantar el puño, a hacernos uno solo
en la emoción y el esfuerzo.

El pasado, con todo y fecha, es un recuerdo que impulsa,
y el futuro, lo que todos alcanzamos
un solo paso a la vez, esta vez juntos.
Lo que importa es saber que el camino es común,
y levantarnos.

Por eso no muestro mi rostro
ni mi nombre:
no hace falta.

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Chispazos Rescates

A media luz

Candle_stump_on_holder_Wikimedia_CommonsAntes, él cumplía todos mis caprichos porque podía hacerlo, y se mostraba orgulloso de mí. Las horas nunca eran iguales en este castillo, porque juntos lo llenábamos de luces.

Ahora pasa el tiempo en tonterías: “¿Qué dice mi cosita linda? ¿De quién son esos ojitos?” ¿Y ella? Vive en un país color de rosa. Tal para cual, en el trance de la bobería. Yo no los entiendo.

Hace un año, antes de que ella llegara, planeábamos festejar mi cumpleaños con un baile, un vestido nuevo y un paseo para los dos. Hoy tuve que conformarme con un pastel y una felicitación llena de prisa antes de una aburrida reunión de adultos.

Todo eso cambiará pronto. Cuando venga a buscarme mañana, sé que sólo se ocupará de mí, porque me he portado bien y fui generosa y agradecida con todos, además de obedecer como a él le gusta cuando me ordenaron retirarme a dormir.

Después de dar las buenas noches, sólo me falta dejarle una rebanada de mi pastel de cumpleaños con una vela encendida a Rapunzel, mi muñeca de trapo, que ahora duerme en la cuna de mi nueva hermanita.

“A media luz”, relato de Ivanius, apareció el 9 de noviembre de 2009 en el blog colectivo Escribidores y Literaturos, rescatado hoy para la pocilga, porque sí. La foto es “Candle stump on holder“, tomada de Wikimedia Commons.

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Chispazos Inspiración pura

No estoy para decirlo

“Cuando me siento a escribir un libro, no me digo ‘voy a producir una obra de arte’. Escribo porque hay una mentira que quiero denunciar, un hecho sobre el que quiero llamar la atención, y mi primera preocupación es ser escuchado. Pero no podría emprender la tarea de escribir un libro, o siquiera un largo artículo para una revista, si ello no fuera también una experiencia estética. Cualquiera que examine mi trabajo verá que incluso cuando es propagandístico contiene muchas cosas que un político puede considerar irrelevantes. No podría ni quiero abandonar completamente la visión del mundo que adquirí en la infancia. Mientras viva y tenga salud me interesaré por el estilo de la prosa, amaré la superficie de la tierra, y hallaré placer en lo tangible y en los retazos de datos inútiles. No tiene caso suprimir ese aspecto de mi persona. La tarea es conciliar esos gustos y desagrados adquiridos con las actividades esencialmente públicas, es decir, no individuales, que esta era nos impone a todos.” George Orwell, Why I Write (1946), traducción libre por Ivanius.

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Chispazos Rescates

Paisajista

Me gusta mirar a través de la ventana. A la izquierda, tras una barda y sobre ella se alza un enorme árbol que alfombra el jardín con crujidos, recordándonos, como un privilegio especial, el paso de las estaciones. Aunque se hace odiar porque nos perjudica la limpieza, a cambio da refugio a infinidad de criaturas invisibles. El aire de la tarde se llena de trinos que compiten con el altavoz… y casi siempre ganan.

Blurry_Prison_WikimediaCommonsNadie aprovecha la sombra de ese árbol; pero es bueno disfrutarlo con la vista. Los únicos huéspedes, aparte de los pájaros y unas cuantas lagartijas, son dos o tres gatos, que se reúnen para pelear o solfear a través del muro. Prefiero sus gritos.

A la derecha, la hiedra es dueña de la pared y la reja que se alza sobre el muro; tampoco se ven las ramas del durazno entre el verde subido de la enredadera.

Frente a mis ojos, nuestro jardín. Al fondo, una formación de soldados: largos bambúes que apuntan al cielo y sacuden sus hojas bajo la incesante impertinencia del viento. No son amigos del silencio, pero me gustan porque entre sus ramas, los pájaros pueden burlarse de los gatos.

Los bambúes son los amos, y todos lo saben aunque los miren con gesto de reproche. Dicen que el camino de piedras blancas está allí para detener el avance de la hierba, pero ayuda a caminar a la vista de todos. El resultado sólo es agradable para quien no sabe cuánto pesan las piedras.

Más cerca de mi ventana, un peral, un limonero y otro durazno reposan hasta que la primavera los despierte. Entre todos ellos, una franja de hierbas y flores siempre sedientos, bajo un oscilante sol de barro que sonríe junto a la puerta de vidrio.

Hay una mirada más alta que la mía, más alta que la casa, más alta que las antenas que estropean el horizonte: un gigantesco pino como torre.

Mientras escribo, el trozo de cielo azul se ha oscurecido; los pájaros hace rato desaparecieron, mudos, entre el follaje. El viento agita las hojas; tengo una sonrisa extraña en la cara. Es hora de acostarse.

El último resplandor del sol parece un guiño brillante. Cuando veo la primera estrella, sé que llegarán a darme la medicina que me aclara el paisaje y por qué estoy aquí encerrado.

Paisajista” Relato de Ivanius. Imagen: “Blurry Prison” de Shayan Sanyai, en Wikimedia Commons. Aparecido originalmente en el blog colectivo Escribidores y Literaturos el 8 de octubre de 2009, y rescatado hoy para la pocilga, porque sí.

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Chispazos Corriente

¿Dónde habremos visto esto… antes?

Que no le digan, que no le cuenten… pero algo me parece muy familiar en esta historia.

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Chispazos Inspiración pura

El doceavo, no confundirás

480px-Patrick_Rothfuss_CC_by-Alvintrusty-WikimediaCommons

 I can support a lot of things in the pursuit of art, but I’m not a fan of actively occluding the story.” — Patrick Rothfuss, autor de El nombre del viento y El temor de un hombre sabio, en una reseña en Goodreads.

 

 

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Chispazos Marranadas

Para subir al cielo se necesita

Una escalera grande “y otra cosita”.  Así dice la canción, y aquí también se aplica aunque no sea la bamba. Pregúntenle si no a los intérpretes originales de este clásico,  muy satisfechos (¿hasta las lágrimas?). Y el público, como siempre que se oye un himno: de pie.

Stairway to Heaven, el cover. Por Heart y Jason Bonham.

Acá está todo el homenaje a Led Zeppelin (y a Buddy Guy, Dustin Hoffman, David Letterman y Natalia Makarova… por si algo faltaba), que es de 2012, pero quesque se está volviendo viral. Será que por fin mejora el gusto musical.

Ahora sí, ¿quién dijo lunes?

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Chispazos Corriente

De intolerancias y respetos

151px-AntonioMachado_wikimedia-commons“La proverbial intransigencia [española, dice el texto original; universal, diría cualquiera] es una de las muchas mentiras con que nos obsequian nuestros oradores. Para ser intransigentes necesitamos una fe que no tenemos, fe en nuestros ideales, fe sobre todo en nosotros mismos. Transigimos todos los días y a todas horas, transigimos hasta el absurdo de sacrificar nuestras ideas, opiniones y sentimientos y adoptar los ajenos, movidos por el miedo, por el provecho personal o por el capricho de las circunstancias. Pero nuestra decantada intolerancia es cierta. Cuando hemos cambiado nuestras opiniones por las del vecino y adoptado su punto de vista para considerar las cosas, cerramos fieramente contra aquel que las mira desde la orilla opuesta, aunque las mire desde donde nosotros las veíamos antes. ¡Respeto, Dios lo dé; amor, ni soñarlo! Y en las luchas del espíritu el primer deber que nos imponemos consiste en no comprender a nuestros adversarios, en ignorar sus razones, porque sospechamos desde el fondo de nuestra brutalidad que si lográramos penetrarlas, desaparecería el casus belli. Nuestra mentalidad, cuando no adopta la forma de alimaña cazadora y astuta, aparece como gallo reñidor con espolones afilados. Prefiere pelear a comprender, y casi nunca esgrime las armas de la cultura, que son las del amor. Y cuando se pasa de las grandes ciudades a las ciudades pequeñas y de las ciudades pequeñas pasamos a los pueblos y de los pueblos a las aldeas y los campos donde florecen los crímenes sangrientos y brutales, se agrava el encono de las pasiones y es más densa y sofocante la atmósfera de odio que se respira”. Antonio Machado, 1 de octubre de 1910. Discurso en el homenaje a Antonio Pérez de la Mata.