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Cacería II

La libre asociación, quizás mejor llamada complicidad entre escribidor y musas, entre palabra y silencio, entre página y letra, es una especie de mundo flotante, un bolsillo del que puede salir casi cualquier cosa transformada en negro sobre blanco.

La urgencia de contar es un ojo interno, un oído perenne, una mano extendida sin descanso, que lo mismo hace protagonista --en sueños de letras-- a una taza de café que a una rata. Los borradores mentales (con imágenes o sin ellas) son "manteo" de las divagaciones, hasta que alguna caiga de pie.

"Una antigua creencia árabe imagina que el poeta es un ser montado cada noche por un demonio que le exige arrancar a la lengua lo que la lengua niega. Esa tarea es ardua y el poeta insiste porque no tiene más remedio. Espera que la imaginación encuentre en la vivencia su justa expresión y las tres celebren una boda milagrosa. Bien dijo Dylan Thomas que el poeta persevera en su mester con la esperanza de que el milagro se produzca." (Juan Gelman, en El País)

Con el tiempo, escribir se transforma en un acto de riesgo no calculado. El autor no manda; sólo da la señal para que el personaje elija su camino y se detenga donde quiera.

Después, los lectores hacen suyo el texto. Allí al mismo tiempo se cumplen dos condiciones: ninguna interpretación es "la buena" y cada quien tiene la propia.

El escribidor suele ser el primero en descubrir qué sucede con el personaje, la idea, la palabra que soltó sobre la página: algo que ni el autor sabía. Decía Hemingway que se hizo escritor porque un día tuvo ganas de leer algo que nadie hubiera leído antes.

Pues eso. Así sucede con los textos afiebrados que a veces asoman en otros espacios, y suele ser habitual en esta, que por algo se llama pocilga: porque, afortunadamente, el lodo sabio de la imaginación siempre puede llegar (y llevar) a cualquier parte. Así sea.

6 thoughts on “Cacería II

  1. Le Cid

    Ivanius,

    « La musa es una ramera que te hace beber y te empuja a fornicar para arrancarte secretos reveladores de tu pobre humanidad, y al mismo tiempo una dama que te inspira a sublimarlos… » Son las únicas palabras decentes que recuerdo haber escuchado en los labios de mi profesor de literatura en la Escuela Nacional Preparatoria Número 2, Erasmo Castellanos Quinto… No recuerdo el nombre del bardo aquel, pero tenía talento… ¡Lástima que su musa fuera más ramera que dama!
    No sé porqué, pero siempre hay algo de alcohol en la escritura. Hemingway adoraba embriagarse en el bar del hotel Ritz de Paris (creo haberlo dicho anteriormente…), Satie le entraba no solo al alcohol sino a todo lo que le pusieran enfrente y Baudelaire, Genet, Poe, así como el resto de la banda no me dejaran mentir. La inspiración tiene forma de botella…
    Salut!

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  2. Luna

    Lo increible de las letras es que el autor las reune y expresa lo que siente, despues el lector las interpreta a su manera y el texto cobra multiples significados. Gracias por prestarnos tus textos por un rato. 🙂

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  3. Ivanius

    Don Pherro: Y aun así hay quienes se animan a seguir buscándole fronteras, nomás porque sí. Nos leemos, un abrazo.

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    Le Cid: La musa es una maestra que te hace vivir y te empuja a fabricar para animar los destellos que revelan tu plena humanidad, y al mismo tiempo una dama que te enseña a aquilatarlos. Son las palabras que se me salieron al leer esa frase. Yo a veces no recuerdo ni mi nombre, así soy de despistado y a veces lento. Mi musa, cuando viene, es porque le da la gana. Echarle alcohol a la escritura siempre puede tener consecuencias inflamables. Yo no conozco (aún) el Ritz de París, ni quiero terminar como Hemingway. Satie... no tengo el gusto más que indirectamente, así como con Genet. Poe y Baudelaire, junto a Lovecraft, Bukowski y Pessoa, mas algunos otros que la lengua calla, han aparecido en más de una tertulia espirituosa. No sé si la inspiración tenga forma de botella, pero a veces se cree que hay un(a) genio dentro de ella. ¡Clink!

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    Luna: Pues gracias, que pa eso es esta su bibliote... perdón, pocilga. De nada. 🙂

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